Afganistán: 20 años después, la misma historia

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El domingo 15 de agosto de 2021 el grupo afgano denominado “los Talibán” ha ingresado a la capital Kabul derrocando al gobierno de Ashraf Ghani Ahmadzai e imponiendo, luego de más de 20 años, nuevamente un régimen bajo las órdenes de la sharía. Esto coincide con la retirada de las tropas norteamericanas en el país luego de llevar adelante la denominada “guerra contra el terrorismo” desde el año 2001. A lo largo de estos años, el país americano no fue construyendo una transición de poder en la región, lo cual genera que el final parezca más un nuevo inicio que un desenlace. Pese a que parecía un final esperado, debemos preguntarnos: ¿Qué hizo Estados Unidos durante estos 20 años? ¿Quiénes son los Talibán? ¿Cómo llegaron los talibán nuevamente al poder? ¿Cómo no se pudo prevenir? ¿Qué dice el mundo? ¿Cuál será el desenlace de ahora en adelante?

Excesivo tiempo, escasos resultados

Luego del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, impulsó la operación “Libertad Duradera” con el objetivo de desbaratar al grupo terrorista “Al-Qaeda”, liderado por Osama Bin Laden. Las bases principales de este grupo tenían lugar en Afganistán, país asiático que se encontraba bajo poder de los talibán, quienes se negaron a entregar al líder extremista. Frente a esta negativa, los Estados Unidos, junto con la coalición internacional (integrada por los países de la OTAN), invadieron el país y derrocaron el régimen impuesto por los talibán. 

La justificación de dicha invasión se desprendía de la “guerra contra el terrorísmo”, patrocinada por Estados Unidos a partir del 11-S. La coalición internacional se propuso derrocar el gobierno talibán que protegía y cubría las misiones del grupo Al-Qaeda para librar la Yihad contra Occidente. Luego de su expulsión, el objetivo de los Estados Unidos era imponer un nuevo gobierno y fortalecer las instituciones gubernamentales afganas. Año tras año, las tropas militares norteamericanas aumentaban su número en nombre de la “defensa” de la democracia afgana y los gobiernos de turno, pero nunca se planificó una Afganistán sin presencia de los Estados Unidos. Esto se puede inferir del análisis de los 822.000 millones de dólares que destinó entre octubre de 2001 y septiembre de 2019, sin mencionar los más de 100 mil soldados norteamericanos desplegados en el país asiatico. 

Casi dos décadas después, el 29 de febrero de 2020, la administración Trump firmó un acuerdo histórico con los talibán en Doha, Qatar, iniciando la retirada definitiva de las tropas occidentales, la cual estaba estipulada en un plazo de 14 meses posteriores a la firma de este. Esto se debía a la falta de apoyo de la sociedad norteamericana y al alto costo que demandaba mantener los soldados en Afganistán. Fue aquí cuando se comenzó a visualizar la falta de planificación por parte de occidente que hubo durante los años de invasión. 

Los Estados Unidos aseguraban que, luego de su retirada, el control en Afganistán sería tomado por las fuerzas de seguridad afganas, entrenadas y financiadas por ellos mismos. Pero esto nunca sucedió. ¿Por qué? La respuesta es fácil de encontrar: tanto la administración Trump como la actual de Joe Biden en ningún momento llevaron a cabo una transición de poder. A saber, los gobiernos norteamericanos desde 2001 hasta la actualidad mantuvieron su enfoque mayormente en la guerra contra el terrorismo, a expensas de otras cuestiones claves como la gobernabilidad dentro del país asiático. Luego de la invasión y de haber expulsado del poder a los talibán, Estados Unidos custodió el orden en Afganistán, a fin de poder librar la contienda contra los grupos extremistas.

Si bien la “guerra contra el terrorismo” no ha finalizado –ya que grupos extremistas islámicos mantienen su presencia en la región–, el actual presidente de los Estados Unidos defendió la retirada de las tropas norteamericanas, argumentando que los afganos no demuestran disposición a la hora de luchar. En esta línea, se torna necesario evaluar qué medidas ha tomado el gigante americano para que el orden interno en Afganistán perdure y que el país no se vuelva una región hostil para ellos. 

Los Talibán

Para analizar la actual situación resulta necesario entender quiénes son los “talibán”, sus aliados y cuáles son sus objetivos. Tras la retirada de las fuerzas soviéticas en 1989, tuvo lugar una guerra civil en Afganistán entre las diferentes facciones insurgentes que habían logrado expulsar al ejército rojo. En  este escenario, un grupo autodenominado “talibán” surgió de las zonas rurales de la provincia de Kandahar, al sur del país. Este grupo prometía anteponer los valores islámicos y luchar contra la corrupción surgida como consecuencia de la guerra civil. Con dichas promesas, el número de sus seguidores se incrementó, permitiéndoles tomar el poder por un lapso de cinco años.

Cuando los talibán fueron expulsados por la coalición occidental en 2001 se vieron obligados a trasladarse a las afueras del país. Aquellos que sobrevivieron a la ofensiva occidental escaparon a Pakistán, transformándose en una insurgencia guerrillera. En los años siguientes, los talibán comenzaron a encontrar apoyo en las zonas rurales de Afganistán y en los refugiados afganos en Pakistán. 

Con el paso de los años, el pueblo afgano comenzó a ver con disconformidad el accionar nortemaericano en sus tierras, alegando que la corrupción seguía existiendo y que las instituciones “construidas” por la fuerza estadounidense alimentaban y daban lugar a esta. Sumado a ello, el mencionado tratado de Doha de 2020 abrió la puerta para que los talibán incorporen nuevos  hombres a sus filas, planeando una futura ofensiva. Sin embargo, en mayor parte, la población afgana rechazaba la posibilidad de que el grupo extremista volviera a ganar poder dentro de su país.

Al hablar de los aliados  de los talibán, encontramos  a Irán y Pakistán como los principales. Es de público conocimiento que Irán mantuvo contactos con el grupo afgano en la segunda etapa de la década pasada. Por su parte, Pakistán ha apoyado discursivamente a los talibán todo este tiempo. En los últimos días, el primer ministro pakistaní se pronunció a favor de lo realizado por el grupo afgano, declarando que “los talibán habian roto las cadenas de la esclavitud mental en Afganistán”. 

El mundo observa

La pugna geopolítica por la región entre varios actores importantes del sistema internacional se hace presente a la hora de examinar la situación en Afganistán. La victoria talibán se exhibe como algo positivo para Rusia, debido a que Afganistán es un país clave a la hora de hablar sobre geopolítica y seguridad en su “patio trasero”. Rusia espera que el terrorismo no se expanda en la región; principalmente, que el Estado Islámico no se acerque al norte de Afganistán, lo cual pondría en peligro a los países limitrofes, como Tayikistán, Uzbekistán y Turkemistán. 

Del mismo modo, Afganistán es relevante para China. El gigante asiático también teme la expansión de grupos islamistas que operan en la región oeste de su país, particularmente  en Xinjiang. Es por eso que hace dos semanas el ministro de Relaciones Exteriores chino se reunió con el mullah afgano Abdul Ghani Baradar para consolidar las relaciones y discutir la seguridad en la frontera sino-afgana.

Igualmente resulta imperioso analizar el papel que ha protagonizado Naciones Unidas a lo largo de estos 20 años. Si bien la ONU ha declarado en el año 2001, luego de la invasión norteamericana sobre Afganistán, que “el objetivo debía ser un Afganistán estable y que viviera en paz, cumpliera sus obligaciones internacionales y no representará amenazas a ninguno de sus vecinos”, y, en la actualidad, que “Afganistán está fuera de control”, su participación no dispuso un gran peso dentro de los acontecimientos. Su actividad material, económica y jurídica no se hizo presente en este caso, y no determinó la situación de las partes. Su rol pasivo puede interpretarse de diversas maneras, pero, de acuerdo con lo desarrollado previamente y la realidad, puede prevalecer la idea de que favorezca al accionar de Estados Unidos en la región.

En concordancia, se debe destacar que incluso la OTAN demuestra una figura firme frente a la situación. A través de su Secretario General, le ha advertido a los talibán que no permitirá bases terroristas en Afganistán y que “los aliados disponen de las capacidades para enfrentarse a cualquier posible amenaza futura desde el país en cuestión”.

El presente próximo

En los últimos días los talibán han prestado diferentes entrevistas en las cuales expresaron que no llevarán adelante ningún tipo de venganza hacia aquellos que colaboraron con la coalición occidental en estos 20 años, como también estipularon que respetarán los términos acordados en el Tratado de Doha con Estados Unidos. A pesar de ello, el miedo pinta las calles de la capital Kabul y las principales ciudades del país. La sucesiva retirada de los distintos cuerpos diplomáticos en el país no brinda ningún tipo de tranquilidad a los ciudadanos afganos. 

Si bien el futuro en Afganistán es incierto, habrá que observar los movimientos que realice la resistencia anti talibán, formada en el Valle de Panjshir, liderada por el ex vicepresidente afgano Amrullah Saleh —autoproclamado presidente de Afganistán en funciones—, y con la bandera de la Alianza del Norte (principal organización de resistencia contra los talibán entre 1996 y 2001). La población urbana se muestra reacia al nuevo régimen talibán y ello podría ayudar a que la resistencia tenga acceso a la capital.

Si hablamos del porvenir afgano, no se deben descartar las posibles alianzas con China y Rusia. Por otra parte, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, posee el gran desafío de responder a la demanda occidental, la cual pide que deje de lado el «America first» y vele por la seguridad regional. El mandatario norteamericano expresó que los soldados de su patria no deben morir en una guerra y que los afganos no están dispuestos a luchar por sí mismos. Sin embargo, no sorprendería que incumpla con lo expresado en abril del corriente año, donde prometió que la retirada de Afganistán se haría realidad el 11 de septiembre de 2021 debido a las presiones externas de sus aliados. 

Otra variable que se deberá tener en cuenta es la relacionada con los Derechos Humanos. Los talibán se encontrarán presionados por la agenda de derechos humanos y de las mujeres. Los países occidentales no reconocerán al gobierno talibán por lo menos hasta que garanticen la protección y el respeto de los derechos humanos de los ciudadanos. Ante escenarios futuros vacilantes, la posibilidad de una guerra civil está latente. Por tanto, es importante analizar cómo se desarrollan los diferentes actores tanto  internos como externos de ahora en más.

Gastón Veleda

Gastón Gerónimo Veleda tiene 22 años, es estudiante avanzado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Lanús, Buenos Aires, Argentina. Actualmente, se encuentra en la Mención de Defensa Nacional y Seguridad Internacional. Desde febrero del año 2019 es integrante del Ejército Argentino como Soldado Operacional y trabaja en el Estado Mayor General del Ejército. Así mismo, desde septiembre del año 2020, forma parte del Grupo Jóvenes Investigadores del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata.

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Analia
Analia
23/08/2021 4:27 pm

Excelente informe!!!

Gonzalo Rubio
Gonzalo Rubio
23/08/2021 11:31 pm

Claro, conciso y completo. Excelente trabajo Gastón .