Breve historia sobre la persecución de la lengua catalana

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“No son las lenguas las que salvan las naciones, es el patriotismo el que salva las lenguas” escribía Joseba Intxausti en “Nación, cultura y lengua en la historia”.

En la actualidad, la lengua catalana es considerada uno de los elementos más importantes de la personalidad y de la formación nacional de Cataluña, ya que representa un instrumento de integración entre sus ciudadanos; una muestra de la fidelidad del pueblo a su tierra y cultura. Dentro del ámbito europeo también resulta un componente importante, pues se estima que en su calidad de lengua regional es una de las más populares debido a que es utilizada por más de 7 millones de personas.

En el proceso de integración europea, la protección de la diversidad lingüística y cultural es considerada uno de sus pilares fundamentales. Se estipula así, en el artículo 22 de la “Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea”, que la Unión respeta la diversidad cultural, religiosa y lingüística. De esta manera, las identidades locales y minoritarias son reconocidas como una gran fuente de riqueza, pese a que en el pasado y a veces aún en el presente sean objeto de problemáticas varias, como el asedio político que ha sufrido durante más de dos siglos y medio la lengua catalana.

Pero, ¿por qué se habla de “persecución”? ¿Qué ha sucedido en la historia para que se utilizaran expresiones con una connotación tan fuerte como “matanza de la cultura” y “eliminación de la lengua”?

Para responder a esta pregunta, debemos remitirnos a los orígenes de dicho asedio, es decir, al momento en el que diferentes territorios van perdiendo libertades propias frente a Estados externos. Para las poblaciones de habla catalana, esto sucedió en los momentos donde se vieron despojados de su plena soberanía y cayeron bajo la jurisdicción de otras instituciones políticas que representaban una estructura diferente.

Los primeros que tuvieron que enfrentar este hecho fueron los ciudadanos de Catalunya del Norte. Hacia 1659, este territorio se encontraba dividido en dos Estados: el territorio del norte, que pasó a depender del rey de Francia; y el del sur: Barcelona y el resto del territorio catalán, en manos de la Monarquía Española. Evidenciamos cómo comenzó a funcionar una doble dinámica de persecución: en la porción francesa con el propósito de sustituirla por el francés; mientras en la parte española con el fin de imponer el castellano, lengua propia de la Corte Real Española. En consecuencia, en cada una de las divisiones de Catalunya, el catalán como lengua propia y única comenzó a experimentar sus primeras formas de opresión.

El hito que marcó la persecución oficial contra la lengua surgió con el triunfo del primer monarca de la dinastía borbónica, Felipe V, durante la guerra de sucesión de 1714. Fue a través de los Decretos de Nueva Planta, que se impuso el propósito de castellanizar Catalunya y los demás territorios de lengua catalana que se encontraban bajo la monarquía española.

Comenzaba así un largo proceso de castellanización burocrática. Es menester remarcar que el origen del derecho por el cual se suprimieron las libertades y se buscó eliminar la lengua tiene como justificativo el sometimiento de Catalunya por medio de la “fuerza superior de las armas”; a saber, que este fue el único medio por la cual se impuso un nuevo gobierno (motivación que veremos presente en las dinámicas del franquismo dos siglos después).

Persecución de la lengua en tiempos contemporáneos

La Guerra Civil Española también es considerada un punto de inflexión en la historia para esta lengua y su cultura. Hacia el año 1931, cuando se estaba instaurando la II República Española, los catalanes, luego de haber pasado por otro momento de represión cultural (a causa de la dictadura del General Primo de Rivera), vivían un período de esperanzas para su historia. 

Quizás el elemento que mejor definió este momento fue el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932, también conocido como Estatuto de Nuria: una ley que otorgaba a Cataluña una condición de autonomía que le permitía contar con un parlamento y un gobierno propio. Este fue uno de los primeros intentos por resolver “la cuestión catalana”. Dicho estatuto servía como una suerte de convivencia entre el pueblo de dicha región y el resto del Estado español. Fue así como, durante la Segunda República, el catalán fue reconocido como idioma oficial en Catalunya, junto al castellano.

Sin embargo, este reconocimiento produjo una gran y violenta reacción, ya que esta fórmula fue enfrentada con fuerza por sectores españoles nacionalistas que se opusieron en todo momento al reconocimiento de la autonomía de la región, rechazando toda realidad diferente a un Estado español unitario y castellanizado. Fueron estos sectores los que impulsaron el pronunciamiento militar y posteriormente, el régimen de Franco.

En 1931, a las campañas contra la catalanidad llevadas a cabo por la derecha más reaccionaria y la prensa militar, se le añadió el fascismo español. Este movimiento expresó su posición en un eslogan bien conocido: “España, una, grande y libre”. Dicho enunciado luego se convertiría en uno de los gritos oficiales del posterior régimen dictatorial. Por el año 1936, comenzaba el pronunciamiento militar, uno más de la historia española, el cual derivaría esta vez en una peligrosa guerra civil que duraría tres años.

El catalán en la “era de Franco”

Acabada la guerra, el General Franco instauró una dictadura fascista basada en tres pilares: el Ejército, la Iglesia y el partido único. Durante este período, la identificación de España como castellana fue uno de los emblemas principales del régimen. En plena guerra, ya se declaraba que España se estaba organizando bajo un concepto totalitario, en instituciones nacionales que aseguraran su unidad, totalidad y continuidad.

En el Estado de Franco primaría una “unidad nacional absoluta”, con una sola lengua –el castellano– y una sola personalidad –la española–. Debemos advertir que estamos ante una cuestión primordialmente lingüística, ya que según esta cosmogonía, un verdadero español debía hablar castellano. Es a partir de aquí cuando se comienza a perseguir los idiomas catalanes, vasco y gallego, y sólo se autorizaba el uso público del castellano.

Las autoridades de este nuevo Estado recibieron la orden de abolir y eliminar la lengua catalana a través de presiones, actos de fuerza y persecuciones realizadas en todos los aspectos de la catalanidad. Para estos fines, se desplegó una intensa actividad que se vio reflejada en los cambios en la nomenclatura catalana de ciudades, vías públicas, carteles de publicidad, instituciones, entre otros elementos nacionales como el himno o los escudos. Incluso cambió el nombre de la misma Catalunya, que durante este período se denominó Cataluña.

Estaban prohibidas realizar obras teatrales en catalán y todos los nombres de los establecimientos industriales y comerciales debían castellanizarse. Además, se solía imponer punitivos a aquellos que dentro del ambiente laboral utilizaran el catalán, sobre todo en la administración pública. Fue así como el catalán desapareció del cine, la prensa, la radio y toda la correspondencia telegráfica. El patrimonio de esta identidad quedó relegado al uso privado y solo pudo salvarse en el pensamiento y en la intimidad de los hogares, el único espacio que la autoridad no pudo alcanzar.

Con la muerte de Franco y la disolución del régimen, se abrió una nueva etapa para el pueblo catalán. La autonomía de Catalunya se vio restaurada con la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1979 que continuó en vigor hasta el 2006, donde se redactó y aprobó en referéndum el actual Estatuto de Autonomía que rige la política catalana y el desenvolvimiento de sus instituciones.

A través de todas estas experiencias, se puede evidenciar como una lengua puede dar fundamento y garantía de continuidad temporal en etapas de crisis políticas o sociales. Esta va más allá de los límites, asegurando incluso un instrumento patrimonial de recuperación.

¿Qué sucede en la actualidad con el idioma?

persecución lengua catalana
Fuente: Julio Carbó

Al día de hoy, nos encontramos con posturas contrapuestas. Están quienes abogan por el argumento de que las lenguas minoritarias han tenido mayor visibilidad e importancia en los últimos decenios del siglo XX, revelándose uno de los temas más sensibles en el ámbito de las cuestiones relativas a la lengua, la cultura y la sociedad. Por otro lado, también existen razones para pensar que la mundialización ha afectado negativamente a la equidad entre las lenguas, ya que se ha consolidado la supremacía de las lenguas mayoritarias sobre las pequeñas.

Otro factor importante relacionado es el cambio que se produjo en la sociedad global a nivel generacional. En este sentido, las nuevas generaciones se relacionan con las lenguas de una forma menos militante que la población adulta, lo cual permite un plurilingüismo mucho más activo.

Si observamos datos relativamente actuales (2018), según el Instituto de Estadística de Catalunya, es decir, la propia Generalitat, el 55% de los catalanes dice tener como lengua primera el español, frente a un 31% que opta por el catalán. El español, además, se considera la lengua habitual del 50% de los ciudadanos de la región, por solo un 36% que opta por el catalán.

Desde un análisis general, se puede afirmar que en su calidad de lengua minorizada por los efectos de la globalización y la llegada de contingentes migratorios de habla castellana, el catalán está en retroceso. Así, una de las tareas fundamentales en la actualidad es protegerlo para que su pueblo alcance un dominio en ambas lenguas.

Si bien reconocemos que el español se presenta como una lengua común y vehicular a muchas otras, también entendemos que es menester dar continuidad al patrimonio y a la cultura catalana. Una de las mejores formas de hacerlo es a través de la lengua. La preocupación central en este caso debería girar alrededor de cómo mantener viva una lengua minoritaria sin perder el potencial de disponer de una de las lenguas más habladas del mundo.

Fuente portada: https://www.dw.com/es/catalu%C3%B1a-fijan-fecha-y-preguntas-para-referendo-independentista/a-17290021

María Angeles Battu

María Angeles Battu tiene 24 años, es estudiante avanzada de la Licenciatura de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario, en Rosario, Argentina. En los últimos años, realizó estudios académicos en Francia y trabajó como voluntaria para los ODS (ONU) en el norte de Brasil. Actualmente, se encuentra vinculada a varios voluntariados, principalmente relacionados con intercambios interculturales y medio ambiente. Forma parte del grupo de investigación “Violencia y Política” de su universidad y tiene experiencia como pasante en la Municipalidad de Rosario.

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