El deporte al servicio de la política exterior

Tiempo de lectura:8 minutos

La diplomacia y el deporte

El rol del deporte en la sociedad siempre ha sido algo central desde tiempos ancestrales. Los individuos utilizan el deporte como válvula de escape para la cotidianeidad y, además, como forma de vivir. El deporte, en todas sus formas, siempre ha reunido a las personas, tendiendo puentes y generando procesos de sociabilización positivos. Incluso, su práctica es sumamente beneficiosa en varios sentidos. La Organización Mundial de la Salud recomienda la práctica de deporte y elabora planes para llevarlo a cada vez más personas.

Este rol fundamental del deporte en el normal desarrollo de la vida humana nos hace preguntarnos: ¿se limita solamente a temas de salud, bienestar y entretenimiento? Veremos en este artículo cómo el deporte también forma parte de los aspectos políticos y geopolíticos de la vida humana. Su utilización como un medio de negociación o de diplomacia siempre ha sido parte fundamental de su implementación, fundamentalmente a nivel internacional.

A comienzos de la década de los 90, Joseph Nye presentaba sus primeros argumentos en favor del soft power o, lo que es lo mismo, cómo los Estados buscan influir en otros sin necesidad de utilizar medios “duros” de poder (militares o económicos), es decir, se busca persuadir. En este sentido, surge la Diplomacia Pública ya no como la relación de Estado a Estado, si no que se da un vínculo Estado-público extranjero.

Ahora bien, la diplomacia pública como tal trae consigo diversos canales para ser aplicada. Desde los canales clásicos como los propios diplomáticos interviniendo para llevar adelante objetivos hasta distintas personalidades y delegaciones deportivas que hacen las veces de diplomáticos en el extranjero. Las participaciones de celebridades, la financiación de producciones cinematográficas o la organización de eventos como ferias internacionales o Juegos Olímpicos (JJOO) generan un movimiento a nivel nacional con fines diplomáticos. 

En este sentido, siempre el gran objetivo es la opinión pública internacional. Los Estados intentarán generar una imagen positiva en el extranjero o, al menos, intentarán que se les conozca su potencial. Se pueden ver distintas intenciones, como los ya mencionados, u otros que abarcan desde dar a conocer tecnología, avances sociales, la inversión en políticas públicas, la forma de vida de una nación o incluso para promocionar el turismo en aquellos Estados que dependen de este en gran medida.

No siempre la diplomacia deportiva tiene como fin la solución de un conflicto o la mejora de la imagen de un país, sino que se compone de actos simbólicos que sirven de puntapié inicial para un posterior acercamiento. Muchas veces es la única forma de relacionamiento entre países. También se utiliza como un medio de alivio de tensiones entre Estados. 

Actualmente, con corrientes antiglobalización tan fuertes, la presencia del deporte toma cada vez un papel más importante. La cercanía que este genera entre Estados no suele ser cuestionada. Además, no siempre se ha utilizado el deporte con buenos fines, veremos más adelante el caso de Hitler y cómo utilizó un evento deportivo para darle propaganda a la Alemania Nazi y mostrar su poderío.

Entonces, ¿qué es la diplomacia deportiva?

Sabemos que los deportes trascienden barreras culturales, lingüísticas y nacionales. Nos acercan con culturas distintas a la nuestra y nos dan la posibilidad de intercambiar con estas culturas. Se intentan generar puntos en común y, por ende, construir relaciones en base a estos puntos. El deporte ha formado parte de la sociedad por miles de años y su participación como una forma de llevar adelante relaciones diplomáticas nos lleva incluso a la antigua Grecia. 

Entonces, el deporte como forma de acercamiento de los pueblos es lo que desde los Estados toman como forma para hacer diplomacia. De todas maneras, es oportuno aclarar que la diplomacia deportiva no es excluyente de la diplomacia tradicional, sino que, por el contrario, es facilitada por esta. Los diplomáticos intervienen directamente en este proceso, involucrándose en la promoción de eventos o con los deportistas mismos.

En este sentido, se identifican dos caminos para la diplomacia deportiva según Murray. El primero de ellos es pensar en los gobiernos utilizando el deporte como una forma efectiva de llevar adelante objetivos de la política exterior del país, es decir, una herramienta. El segundo camino es más dificultoso, pues incluye a los organismos internacionales que hacen posible el desarrollo de estos deportes a nivel mundial, como lo son la FIFA o el Comité Olímpico Internacional. 

Comprender la relación de los Estados con estos organismos, además de entender cómo esta relación es beneficiosa para ambos, puede resultar complejo. Sin embargo, es visible que existe en ciertos niveles una relación de beneficio mutuo según qué tan dispuesto esté el Estado a tomar a estos organismos como un actor internacional de relevancia y qué tanto está dispuesto a ceder en la relación de poder entre ambos. Es sabido que estos organismos suelen tener más peso político y económico que muchos Estados, por lo que este tipo de vinculaciones pueden tornarse engorrosas y no ser bien vistas por la opinión pública.

Ya es conocida la relación entre la opinión pública internacional y algunos deportes, como por ejemplo el fútbol. El papel de las selecciones nacionales y lo que su representación significa, en términos geopolíticos y diplomáticos, es sumamente importante para la política exterior de muchos países, sobre todo aquellos que buscan una determinada identificación o el reconocimiento internacional. Basta con ver la cantidad de países reconocidos por la ONU y las asociaciones participantes en FIFA. Lo mismo ocurre con el comité Olímpico Internacional y los Comités locales participantes. En rigor, existe una construcción de una identidad nacional que utiliza al deporte como medio para esta construcción. Si bien en este artículo no profundizaremos en este punto, es interesante mencionarlo.

Como es esperable, la financiación o la posibilidad de un país de llevar adelante prácticas de diplomacia deportiva dista entre unos y otros. Los países más ricos poseen agencias dedicadas a esto y los más pobres encuentran muchos problemas para hacer de la diplomacia deportiva una política pública, puesto que sus prioridades están en otros asuntos y una inversión de tal magnitud es insostenible. De todas formas, al momento de trascender fronteras, el deporte puede ser utilizado como una forma de propaganda o de presencia internacional.

Países como Estados Unidos emplean asiduamente la diplomacia deportiva como forma de acceder e insertarse en otras regiones que culturalmente resultan complejas para Occidente. Este es el caso del intento de acercamiento a Medio Oriente a través del fútbol, con programas financiados por el Department of State. Este programa surge con mayor fuerza luego del 11-S, un momento en el cual Medio Oriente estaba en el centro de atención. Este tipo de acercamientos pueden tener un impacto positivo en la población local en momentos de fuerte tensión.

En ocasiones se ha generado el efecto opuesto al deseado. De hecho, si bien eventos como los JJOO o las Copas del Mundo han significado una tregua entre ciertos países, en otros momentos el deporte simbolizó un punto de tensión, como fue el partido de fútbol entre Honduras y El Salvador en 1970, el cual fue utilizado como pretexto para la posterior guerra entre ambos países. Más aún, durante los JJOO de Pekín 2008, Rusia invadió otro país y esto no resultó un impedimento para el normal desarrollo del evento, a pesar de que ambos tenían delegaciones representando al deporte de cada uno.

En términos geopolíticos, la diplomacia deportiva ha tenido hitos históricos de gran relevancia, que revisaremos a continuación.

La diplomacia ping-pong

Finalizada la Segunda Guerra Mundial y con grandes tensiones entre Estados Unidos y China, surgió un evento que hizo acercar las posturas, pero sobre todo acercar culturas y mitigar las rispideces, así como también posteriores encuentros políticos de alto nivel entre China y Estados Unidos. Todo sucedió a partir de un evento en Tokio, cuando el equipo nacional de Estados Unidos sorprendió a una delegación china por su calidad, y fueron invitados a China para realizar una exhibición. Este hecho suscitó el inicio de  conversaciones entre ambos países para tratar de superar los problemas que acontecían.

En este caso particular, el ping-pong sirvió como ice breaker para un futuro encuentro entre Kissinger (Secretario de Estado de EE.UU.) y el premier chino Zhou Enlai. De hecho, fue este último quién invitó a la delegación norteamericana al Hall del Pueblo en Beijing para el encuentro de ping- pong. Así, la diplomacia ping-pong se ha tomado como ejemplo e incluso actualmente algunos académicos proponen medidas similares para el acercamiento entre los países y, específicamente, para un mejoramiento de las relaciones entre China y Estados Unidos.

La diplomacia del Wrestling

Similar a lo acontecido con la diplomacia del ping-pong, el Wrestling jugó un papel importante para el acercamiento político de Estados Unidos e Irán. En el año 2013 se organizó un mundial de esta disciplina en Irán, el cual contó con una delegación norteamericana. En dicho evento se produjeron declaraciones cruzadas a la prensa, que derivaron en conversaciones entre los más altos niveles políticos. Se entiende que esta maniobra se propició de forma intencionada desde el gobierno norteamericano, pero el deporte nuevamente fue el medio elegido para esto.

Posteriormente, se dieron acercamientos auspiciados por este tipo de diplomacia para discutir con Irán temas de agenda internacional, como las armas nucleares o la guerra civil en Siria.

El caso de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936

Este caso es uno de los más enigmáticos, ya que muchas veces son mencionados como los Juegos Olímpicos que marcaron un antes y un después en la competencia. En mayor medida, porque se dieron avances tecnológicos significativos, como ser los primeros Juegos Olímpicos televisados. Si bien Adolf Hitler no quería que el evento fuera organizado por Alemania, finalmente Goebbels logró convencerlo, ya que sería una gran oportunidad para mostrar el resurgir de Alemania, su tecnología, y dar una imagen positiva y poderosa del país.

De esta manera, los Juegos Olímpicos de Berlín fueron uno más de los escenarios donde Hitler expuso su ideología sobre la superioridad de la raza aria. Si bien muchos países se opusieron a la participación en el evento, el Führer prometió que no se acontecerían hechos de racismo, algo que finalmente no cumplió, especialmente con deportistas de origen judío.

La Alemania Nazi poseía avances tecnológicos extraordinarios para la época y desde el régimen se aseguraron de que el mundo los viera de primera mano, así como también el estilo de vida del III Reich, su arquitectura futurística y su capacidad propagandística.


Imagen: Jesse Owens se niega a hacer el saludo Nazi. Fuente: La Vanguardia

Juegos Olímpicos de Invierno 2018

En los Juegos Olímpicos de PyengChang en 2018 sucedió un hecho cargado de simbolismo: Corea del Sur y Corea del Norte marcharon juntos en el desfile inaugural con una bandera de “Corea unificada”. Este hecho marcó el comienzo de nuevos acercamientos entre ambos países.

Asimismo, se dio la particularidad de que compitieron con equipos combinados en algunas disciplinas y hubo intercambios entre las delegaciones. Incluso se registraron encuentros entre el presidente surcoreano y la hermana del líder norcoreano, quien era la enviada especial por parte del gobierno. Estos juegos olímpicos fueron utilizados como uno de los acercamientos más consistentes entre ambas naciones e inauguraron una etapa de reconciliación, aunque posteriormente las relaciones volvieron a deteriorarse.

El futuro de la Diplomacia Deportiva

Vemos de esta forma cómo el deporte no pasa desapercibido en la esfera política, sino que es una herramienta más en el mundo de la política exterior. Los políticos y los diplomáticos identifican al deporte como una parte fundamental de la sociedad y se aprovechan de ello para perseguir otros fines. 

La diplomacia deportiva, entonces, da la posibilidad de utilizar a personas o eventos con una imagen de impacto positivo en el mundo para acercar otro tipo de políticas que pueden no ser tan agradables o para acercarse a diversos gobiernos de una forma más amistosa. En efecto, esta constituye una parte esencial de las relaciones internacionales. Por ende, nos preguntamos si los gobiernos, sobre todo en América Latina, no deberían emplearla con mayor frecuencia para generar una apertura superior a nivel internacional, fomentar la imagen del país, darse a conocer más fácilmente, y lograr un tipo de inserción más creativa en el mundo.

Portada: Fabio Almada (VG)

Alberto Nion

Alberto Nion tiene 30 años, es egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad de la República (UDELAR) y Máster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca en España. Cursó el Máster en Relaciones Internacionales en la UDELAR.

Suscribir
Notificar de
guest

0 Comments
Ver todos los comentarios