El tablero de Cachemira: un juego sin fin

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El Valle de Cachemira es un territorio que se ubica al norte del subcontinente indio y limita con las cordilleras de los Himalayas. Desde que India se ha independizado de los británicos y se ha dado la consecuente conformación del Estado de Pakistán, el valle ha estado en disputa entre tres vecinos: India, China y Pakistán. La región se caracteriza por contar con recursos naturales, tales como el agua, y ser un pasaje desde el subcontinente indio hacia Asia central. En este sentido, si bien resulta estratégico para los países contar con un dominio total sobre dicho territorio, tanto Nueva Delhi e Islamabad también tienen motivos religiosos y políticos históricos que los llevan a reclamar la soberanía sobre Cachemira. 

Contexto histórico

Antes y durante la era de colonización, los territorios que hoy conocemos como India, Pakistán, Afganistán, Nepal, Bangladesh y Bután conformaban el subcontinente indio, y sus civilizaciones contaban mayormente con una historia común. El territorio finalmente fue colonizado por los ingleses, quienes establecieron un gobierno dual entre los británicos y los principados existentes en la región. 

La existencia de este sistema condujo al surgimiento de movimientos independentistas y reformistas a mediados del siglo XIX, impulsados principalmente por los hindúes; estos conformaron el “Congreso Nacional Indio” o “Partido del Congreso” y una de sus figuras más destacadas fue Mahatma Gandhi. Dicho líder promovió una lucha basada en la «política de no-cooperación pacífica» como mecanismo para lograr la construcción de un gobierno propio. Por el contrario, los británicos fueron mayormente apoyados por los musulmanes que, respecto a los hindúes, contaban con una posición minoritaria. Así, los musulmanes crearon la Liga Musulmana, intensificando su lealtad hacia los británicos. 

A partir de lo expuesto se puede visualizar que en el interior del subcontinente indio existían y convivían diferentes religiones. Sin embargo, con la llegada de colonizadores y autoridades foráneas con intenciones de administrar el territorio, dichos grupos religiosos adoptaron diferentes bandos por motivos diversos. Esta división marcará la posterior conformación del territorio indio y paquistaní. 

Con el comienzo del proceso de descolonización, esta fragmentación se intensificó ya que las aspiraciones de los hindúes diferían completamente de las que tenían los musulmanes. Mientras los primeros abogaban por un país secularizado en el cual coexistieran las religiones, los segundos se mostraban reticentes a dicha unión y favorecían la creación un país propio donde rija el Islam.

Finalmente, mediante la Indian Independence Act de 1947 se estableció la creación de dos territorios independientes y acordaron que cada principado eligiría a qué Estado anexarse. Nacen así la India como Estado independiente y Paquistán, que significa “país de los puros”. En lo que respecta a la región de Cachemira (el reino junto al de Junagadh y Hyderabad) no fue anexada inmediatamente, dado que existían ciertas contradicciones: o contaban con un dirigente musulmán y una población mayormente hindú o viceversa, lo cual complicaba decidirse por un país o el otro. En Cachemira, el gobernante del territorio era hindú mientras que la población mayoritariamente musulmana. 

Así, Cachemira se convirtió en un símbolo de las dos identidades de los dos Estados: para India demostraba que era posible conformar un gobierno secular, en el cual conviven múltiples religiones, mientras que para Pakistán significaba completar su identidad religiosa al anexar un territorio de población mayoritariamente musulmana gobernada por un hindú, lo cual además demostraba la primacía del vínculo religioso antes que el político.  

Es importante resaltar ello, ya que muestra el significado que adquiere la región de Cachemira desde el momento de la independencia de los territorios, y el rol que juega la religión. También refleja las problemáticas que se derivan de la colonización, las cuales alteran las formas de vida, la cultura, e incluso las creencias de las civilizaciones tradicionales, dando lugar a enfrentamientos muchas veces irremediables. 

Zonas en disputa y claves del conflicto

Mapa territorial del subcontinente indio. Fuente: El Orden Mundial

En la cartografía anterior se puede visualizar la zona en disputa y los territorios lindantes. India y Pakistán se han enfrentado por Cachemira en tres ocasiones: 1947, 1965 y 1999. A su vez, la India ha tenido un desencuentro limítrofe con China en 1962. Este último acontecimiento se produjo por la aspiración de Mao Zedong de recuperar antiguos territorios que iban más allá de los límites establecidos por la Línea MacMahon, siendo esta la que separa el subcontinente de India de la zona del Tíbet y China. 

El territorio de Cachemira se encuentra actualmente divido entre India, Pakistán y China en las siguientes proporciones: el primer Estado controla las zonas centrales y meridionales, es decir, Jammu y Cachemira, que son un 43% del territorio; a Pakistán le corresponde el Norte y Azad Kashmir en la región noroccidental, representando el 37%; y el gigante asiático cuenta con el dominio de un 20% del territorio, abarcando la región nororiental: Aksai Chin y el Valle Shaksgam. Para comprender la relevancia del territorio en conflicto, se deben tener en cuenta tres elementos fundamentales, a saber, la geografía y los recursos, y el componente religioso. 

Recursos y posición geográfica

Con relación al primer aspecto, es importante mencionar que Cachemira es un valle que cuenta con grandes glaciares y limita con el Himalaya. De esta cordillera se desprenden varios afluentes y ríos que proveen agua, sobre todo en época de deshielo. En este sentido, Cachemira adquiere una gran relevancia si se tiene en cuenta este recurso fundamental. Asimismo, la posición geográfica es un elemento influyente, ya que permite llegar desde el subcontinente indio hacia Asia central y también hacia China, a través de la cordillera del Himalaya. 

En 1960, Pakistán e India firmaron el Tratado de las Aguas del Río Indo, el cual determina qué afluentes corresponden al uso de cada país. A India se le otorgó el derecho sobre los ríos orientales, como el Ravi, el Sutlej y el Beas, mientras que a su homólogo los arroyos occidentales, es decir, el Indo, el Jhelum y el Chenab.

De la mano de esto, resulta relevante mencionar que Pakistán es un país que cuenta con escasos recursos hídricos e importantes problemas relativos a la disponibilidad de agua. Actualmente, en dicho país, un 40% de los habitantes carecen del acceso a agua potable, y la contaminación de la misma causa la muerte de unos 53.000 niños menores de cinco años por año. Esto deriva en repercusiones también en el ámbito económico y militar del país. De este modo, una población que sufre de enfermedades requiere de un mayor gasto en salud por parte del Estado, e implica tener soldados más débiles y propensos a enfermarse. 

Por otro lado, India enfrenta un problema similar al de su contrincante, ya que la escasez de agua y contaminación de esta se hace notar de la misma manera. En este país, el agotamiento del recurso hídrico es consecuencia del alto nivel de extracción de agua de los pozos, además de que se utiliza un alto porcentaje para la actividad económica y comercial. Por ejemplo, el 80% del agua es destinada al riego de cultivos como el arroz y el azúcar.

En la siguiente imagen se puede apreciar los diferentes ríos repartidos entre India y Pakistán:

Ríos de conflicto entre India y Pakistán. Fuente: Brahma Chellaney, Asian Review

Teniendo en cuenta el problema que tienen ambos países con los recursos hídricos, el agua se vuelve un recurso estratégico. Como establece Sara García Tasich,este término aplica para recursos que son escasos o insustituibles; son claves para la producción y resultan estratégicos para contribuir a la hegemonía regional o mundial. Según la autora, el agua es un recurso natural relacionado a la seguridad humana, pero que adquiere el carácter de estratégico ante la creciente demanda, escasez y contaminación. Así, se puede establecer que ninguno de los países querrá perder el acceso a los afluentes provenientes de Cachemira. 

A tal panorama se le suma un problema a futuro: en la medida en que el calentamiento global avance y la escasez de agua en dichos países aumente, también lo harán las tensiones, ya que la región adquirirá una mayor relevancia. Esto puede ser motivo de un futuro conflicto, puesto que reduce la posibilidad de que alguno de los dos países ceda en su posición para poner fin a la hostilidad. 

Probablemente, en los próximos años, el país de la región que detente el dominio sobre reservas de agua podrá contar con una ventaja estratégica y mayor autonomía con relación a los demás Estados. Esto es así porque uno de los elementos del Poder Nacional son los recursos naturales, ya que un país autosuficiente cuenta con mayores ventajas comparativas en una situación de enfrentamiento que aquel Estado que depende de otro para obtenerlos. 

Religión

Respecto al componente religioso, este ha tenido una gran incidencia en la pugna, sobre todo, al momento de la independencia y partición del territorio. Como se ha dicho más arriba, la adhesión de Cachemira constituye un componente fundamental para “completar” los procesos de independencia de ambos Estados. En este sentido, la religión ha sido en parte para ambos países un elemento central para reclamar la soberanía del territorio. Para Pakistán porque la población de Cachemira es mayoritariamente musulmana, haciendo necesario incorporarla para completar este “Estado de los puros”. Y para India porque dicha mayoría musulmana, al ser gobernada por un hindú, demostraba que sí se podía conformar un país secular como ellos habían promovido. 

Sin embargo, en la actualidad se ha sumado otro elemento: los grupos fundamentalistas o extremistas religiosos, que pueden definirse como “organizaciones que, bajo la creencia de defender su religión y a sus seguidores, utilizan medios violentos para alcanzar sus objetivos, incluyendo acciones terroristas”. Cabe señalar que estos grupos fundamentalistas no representan a la religión, sino que la utilizan para justificar sus actos, por lo cual es importante separarlos de las religiones y su contenido. 

La existencia de estas organizaciones en el terreno complica la posibilidad de llegar a una solución, principalmente por el accionar violento que llevan a cabo y por el cual ambos países se culpan mutuamente. Además, el involucramiento de estos grupos fundamentalistas muchas veces deriva en que se tenga una concepción errónea sobre la religión que dicen representar y se exacerba aún más la hostilidad al interior de los Estados en pugna. 

Revocación del Art. 370 de la Constitución India 

El Art. 370 de la Constitución de India le otorgaba a Jammu y Cachemira un elevado nivel de autonomía. La misma se introdujo en 1949 por parte del primer ministro indio Jawaharlal Nehru, y el de Jammu y Cachemira, el jeque Mohammad Abdullah. El documento establecía que la región india de Cachemira podía contar con una bandera distinta, una Constitución propia, e independencia en lo que respecta a todos los asuntos, exceptuando relaciones exteriores, defensa y comunicaciones. 

En agosto de 2019, el gobierno del primer ministro Narendra Modi decidió retirar unilateralmente el status de autonomía privilegiada de Cachemira, lo cual ha derivado en una gran incertidumbre en la región. Junto a la revocación se propuso una orden que dictamina la división de Jammu y Cachemira en septentrional Cachemira y la meridional Jammu, que conformarán territorios de la Unión India.

Pakistán, por su parte, no se mostró satisfecho con la decisión adoptada por Nueva Delhi, advirtiendo que “ejercerá todas las opciones posibles para contrarrestar estas medidas ilegales. Ninguna decisión unilateral del Gobierno indio puede cambiar el estatus [de la región] disputado, como consagran las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”. 

¿Es posible la paz?

Cachemira es una región con una histórica hostilidad que parece estar lejos de solucionarse. Esto se debe principalmente a que las partes involucradas no se ponen de acuerdo sobre a quién le corresponde el territorio, ya que cada uno esboza motivos legítimos para sustentar su soberanía sobre la zona. Dicho desacuerdo ha derivado en conflictos en diferentes momentos: en 1947, 1965 y 1999 entre Pakistán e India y en 1962 entre India y China.  Además de este último enfrentamiento, también hay que nombrar la disputa entre ambos gigantes durante los últimos meses en torno a la Línea de Control Actual (LAC)

Se puede visualizar que los frentes que se combaten en la región son tan variados como los actores involucrados en el mismo. La lucha por el agua es y será una situación que causará tensión en la región, dado que este se convierte en un recurso estratégico a partir de las características de los Estados parte y la abundancia del recurso en disputa. Más aún, un eventual aumento de la violencia, como consecuencia de los grupos extremistas, podría tensionar las relaciones y derivar en un conflicto armado. 

Cabe señalar que tanto India y Pakistán, así como también sus respectivos aliados Washington y Beijing, cuentan con capacidades nucleares, lo que permite generar un balance de poder y, consecuentemente, mantener la estabilidad en el sistema internacional. El balance está dado porque si bien Islamabad y Nueva Delhi poseen poder nuclear y militar, ambos países se encuentran respaldados por las dos potencias mundiales, resultando costoso que cualquiera de los Estados involucrados en la disputa fronteriza lleve adelante una ofensiva de carácter militar o nuclear.

Así, puede visualizarse que la situación en Cachemira no es ni simple ni pasada. Probablemente vuelva a ser un escenario de conflicto a futuro, como sucedió con Armenia y Azerbaiyán. El interrogante que queda es cuál será el motivo que reactive el conflicto: ¿cuestiones políticas, económicas, geopolíticas, la rivalidad sino-americana, el fundamentalismo, u otro elemento adicional?

Portada: Foreign Policy

Zoë Lena

Zoë Lena Salame tiene 21 años, es estudiante avanzada de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa, Buenos Aires, Argentina. Durante el segundo semestre de 2019 se ha desempeñado como voluntaria en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y actualmente es pasante en el Instituto Ideas en el área de Desarrollo Sustentable.

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