Electromovilidad: ¿el futuro del transporte en América Latina?

Tiempo de lectura:7 minutos

La industria automotriz está transitando un proceso de innovación. Como el cuidado del ambiente se ha vuelto prioritario, las empresas del rubro debieron “aggiornarse” para satisfacer las necesidades en una sociedad cada vez más preocupada por su entorno. Es notable el aumento de la producción de vehículos híbridos y eléctricos como alternativa a los coches que antes conocíamos. Los compradores particulares están apostando por ellos, pero ¿qué ocurre con el transporte público en las ciudades? 

Emisiones de carbono: riesgo inminente y posibilidad de mejora

El transporte representa una cuarta parte de las emisiones globales de CO2. Según la Agencia Internacional de energía, un 20.5% de la quema de combustibles mundiales observada para 2014 son responsabilidad de dicho sector. Estos valores pueden interpretarse como un llamado de atención del potencial daño del dióxido de carbono en el aire. Pero no es una mala noticia, pues, ha motivado a tomar acciones para que desplazarse de un lugar a otro sea más sustentable. 

La alternativa parece ser la movilidad basada en vehículos eléctricos. Entre las ventajas de la electromovilidad se destaca que reduciría los altos niveles actuales, además minimizaría la contaminación ambiental y representaría una mayor eficiencia energética. 

Un proceso lento, ¿pero seguro?

El CAF o Banco de Desarrollo de América Latina, desarrolló un estudio sobre el tema, evidenciando su compromiso con los objetivos globales de sostenibilidad, establecidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Para lograr que la movilidad urbana reduzca sus impactos ambientales, se deberán incorporar la circulación de ómnibus eléctricos, que sustituirán los autobuses “alimentados” por combustibles fósiles. 

Hay diversos obstáculos que enlentecen el proceso. El primero es económico, debido a la gran inversión inicial que requiere la compra de los coches eléctricos. Hay que considerar que muchos países latinoamericanos tienen subsidiados la nafta y el gasoil para que el consumidor compre a menor costo. Este beneficio se perdería si se incorporan vehículos que no consumen combustibles. Además hay una ausencia de tarifas eléctricas específicas para el transporte.

Otro inconveniente es la incertidumbre respecto a la vida útil y el mantenimiento de las unidades. Al ser un invento tan contemporáneo, no hay demasiadas empresas que fabrican repuestos para los ómnibus eléctricos y eso podría ser problemático en caso de fallas mecánicas. Hay varias limitaciones técnicas como la distancia recorrida sin reposo, que es menor que en los autobuses a base de Diesel y la necesidad de homologación vehicular, pero los fabricantes están trabajando arduamente en mejorar estas carencias.

A nivel intelectual, será necesario formar conductores y mecánicos que se especialicen en autos con tecnología eléctrica para que cumplan su labor. Igualmente, es necesario transmitir a las poblaciones la información sobre la emergente electromovilidad.

Pese a las grandes dificultades que parece presentar, varias ciudades de la región han apostado por incorporar flora sustentable a sus calles.

El temprano ejemplo de los chilenos

En Chile, específicamente en Santiago, Transantiago es el nombre que recibe el Sistema de Transporte Público Urbano que satisface la necesidad de más de seis millones de chilenos. Este conjunto de empresas tiene como prioridad minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso, tempranamente comenzaron a invertir en coches con tecnologías sostenibles.

En 2015, se introdujo el primer vehículo híbrido, que incluso en la actualidad funciona. Los ómnibus eléctricos llegaron con poco tiempo de diferencia, siendo de Metbus y Vule. La infraestructura vial no ha cambiado, pero sí se han incorporado cargadores en varios puntos de las rutas más transitadas. El costo de estas unidades es tres veces mayor que el de los coches Diesel.

Sería favorable alquilar las baterías a un precio de 0,15 USD/km de pago al arrendador. Implementar una modalidad similar para el mantenimiento sería útil porque ahorraría costos locales. En efecto, la movilidad eléctrica santiaguina sería posible a nivel financiero si se opta por la modalidad anteriormente mencionada. 

La electromovilidad colombiana

En Colombia, la ciudad que experimentó la incorporación de ómnibus híbridos fue Bogotá, en donde rige un Sistema Integrado de Transporte Público. El proyecto inicial tuvo como objetivo final sustituir por lo menos un 10% de la flota actual por modelos híbridos marca Volvo y el resto por vehículos diesel Euro V. El cambio consistió en implementar nuevos vehículos y sustituirlos según su vida útil de aproximadamente quince años. 

Los “cafeteros” no adaptaron sus rutas, pero sí debieron modificar la infraestructura de energía, montando puntos de recarga para los coches, cuyo valor estimativo fue de USD 3.000 por cada cargador. Hay que recordar que como son coches híbridos también consumen Diesel, lo cual genera un costo adicional. El precio actual del Euro V es de USD 155.000 mientras que el otro modelo cotiza en unos USD 290.000. Hacia 2014, se contaban con 200 unidades de este tipo.

Desde Volvo Group, fabricante de autos, pretenden convertirse en el líder mundial en soluciones de transporte sostenible. Para ello están apostando a la electromovilidad por el acercamiento que genera las emisiones cero de carbono. Su principal innovación son las pilas de combustible de hidrógeno tanto para los vehículos de uso urbano como aquellos destinados a la distribución de cargas pesadas.

El uso de transporte híbrido no fue factible financieramente en este país, aunque, según CAF, podría serlo si los operadores compran mediante leasing las baterías y si hay cambios en los aranceles a la energía eléctrica. El periodo de retorno de lo invertido se estima se daría en unos 19 años, por lo que recuperar el dinero tardaría casi dos décadas. En cuanto al ahorro de combustible fósil, ha sido relevante al igual que el referente a los gases de efecto invernadero.

Los ómnibus sostenibles en la ciudad montevideana

En Uruguay, la Intendencia de Montevideo está a cargo del Sistema de Transporte Metropolitano. La política nacional busca que el transporte público reduzca su uso de petróleo y logre sustituirlo por energía eléctrica. En 2013, se experimentó con un autobús K9 de la marca china especializada en coches híbridos BYD. Tres años más tarde, se incorporó un ómnibus eléctrico a la movilidad urbana, y hoy en día varios coches con esas características circulan en las calles. El precio actual del autobús se estima que es de USD 432.000, lo que implica que el periodo de retorno del dinero gastado sea de veinte años.

Hay que considerar que se podrían alquilar las baterías para los ómnibus, por lo que se reducirían costos. Ese aspecto hace que pueda ser viable la electromovilidad en la capital uruguaya, si se compara con los costos que tendría la inversión en coches Euro V, como los usados en toda América Latina. Eso está relacionado con el arrendamiento antes mencionado. A su vez, sería favorable rebajar al 50 % la exención de impuestos para combustibles fósiles y modificar los aranceles a la energía eléctrica. Los beneficios para el medioambiente justificarían estos ajustes. 

El caso más reciente: la movilidad eléctrica ecuatoriana

En Ecuador, fue en el Distrito Metropolitano de Quito donde se probó el innovador plan de transporte “ecoamigable”. El transporte metropolitano está a cargo de Metrobus-Q, cuya flota incluye a 2.321 autobuses, siendo la gran mayoría del modelo Euro III. 

En diciembre de 2017 se inició un periodo de prueba en el corredor Central Norte, donde se instaló un ómnibus eléctrico a baterías de 360 kW/h. Por condiciones materiales, la idea de sustituir sesenta flotas por eléctricas fue un fracaso y se siguen utilizando coches que consumen Diesel, como el Euro V. 

Si bien se detectó un importante ahorro de combustible y de gases de efecto invernadero (cuatro veces superior al objetivo) no es redituable económicamente la sustitución de ómnibus tradicionales por eléctricos o híbridos. El Banco de Desarrollo de América Latina se anima a predecir que “la sustitución seguiría siendo inviable incluso si la energía eléctrica fuera gratuita, debido a los bajos precios del diésel que existen actualmente”.

El futuro no está tan cerca…

Si bien los resultados de la implementación de flota eléctrica en las distintas ciudades de Latinoamérica fueron diversos, se identifica un punto de encuentro: se logran reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, por ende, los niveles de CO2. 

Es evidente el uso masivo del transporte público en el continente, por eso, invertir en el mismo garantizaría que millones de personas le den uso a los coches eléctricos, cumpliendo una doble función: llevar de un sitio a otro a los ciudadanos, a la vez que protegen al medio ambiente de los daños producidos por los combustibles fósiles utilizados. El uso de los ómnibus en vez de vehículos individuales es beneficioso porque descongestiona el tráfico y reduce la contaminación sonora. De dicho modo, los latinoamericanos respiraríamos un aire “más puro” sin tantos químicos y en ciudades cuyo entorno sería más natural y agradable. 

El costo inicial de la inversión en electromovilidad es elevado, pero, teniendo en cuenta lo que establece el CAF, los posibles arrendamientos reducirían los miles de dólares a gastar en materia de transporte. Probablemente, si la demanda de ómnibus eléctricos crece, su valor se reduciría y así más ciudades podrían implementar autobuses “amigables” a sus rutas. Es esperanzador pensar que a mediano o largo plazo todos los países deberán tomar medidas para cuidar al medioambiente y el transporte es una de las áreas de urgente consideración. 

En el caso de Santiago, Bogotá, Montevideo y Quito, que ya cuentan con flotas “sostenibles” en funcionamiento, las autoridades gubernamentales y las distintas empresas privadas podrían colaborar para ampliar la cantidad de autobuses eléctricos y así mitigar el uso de vehículos que consumen nafta o gasoil. Incluso, podrían intercambiar información y conocimientos con otras ciudades latinoamericanas interesadas en comenzar con procesos de electromovilidad sostenible, fomentando la cooperación internacional en el marco del cumplimiento de los ODS. 

Las decisiones de hoy tienen influencia en mañana. Si bien hay muchos aspectos que por motivos económicos o políticos no pueden llevarse a cabo de un momento a otro, cada pequeño paso, como la incorporación de un coche eléctrico o híbrido, marca una pequeña diferencia en los próximos años.

Portada: Diego Bono (Ilustrador de VG)

Dulce Fontenla

Dulce Fontenla tiene 22 años, es una estudiante avanzada de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de la República, Montevideo, Uruguay. En 2021 fue una de las representantes de Uruguay en la Sala de Prensa Juvenil de la UNESCO, cuya temática fue la comunicación como un bien público.

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