¿Esclavitud en el Siglo XXI?

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Si bien muchos pueden creer que la esclavitud es un hecho del pasado, es importante cuestionarnos si realmente es así. La esclavitud como tal es un término muchas veces considerado obsoleto. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que, en la actualidad, más de 40 millones de personas se encuentran sometidas a practicas que violan su libertad y constituyen nuevas formas de esclavitud. 

Antes de adentrarnos en este terreno es fundamental comprender qué implica la esclavitud moderna o trabajo forzoso. Este último es definido por la OIT como: “todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente”.  Vale aclarar que la situación de trabajo forzoso viene determinada por la naturaleza de la relación entre el empleado/a y empleador/a. Por el contrario, existen situaciones extraordinarias en las cuales el trabajo no voluntario no puede y no debe ser considerado como “trabajo forzoso”, como las guerras o desastres naturales.  

Dicho esto, es posible profundizar en qué representa la esclavitud moderna en los tiempos actuales. En primer lugar, se mencionó que el número de víctimas se estima en más de 40 millones. En términos comparativos, la población total de Argentina son 44 millones de habitantes; a saber, la totalidad de personas sometidas a esta prácticas equivale casi a la totalidad de la población de este país. 

Debemos recordar que estos números son estimativos, ya que es imposible conocer con exactitud la magnitud de este crimen. A pesar de esto, podemos asegurar que hoy día existen más personas en situación de esclavitud que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. 

Ahora bien, si nos preguntamos el porqué de la dificultad para reconocer la esclavitud en nuestros días, encontraremos que la respuesta no es para nada simple. Sin embargo, un primer acercamiento a este interrogante debería incluir la naturalización de estas prácticas en nuestras vidas diarias. 

La esclavitud está oculta frente a nuestros ojos y, por tanto, la educación y concientización en esta materia es fundamental. Sólo de esta forma se podrá reconocer las fallas existentes en los sistemas vigentes y actuar en consecuencia, solicitando a los Estados la promoción y protección de los derechos humanos. 

Existen una multiplicidad de prácticas que deben ser analizadas desde este lente, así como también diversos términos para definir esta práctica. The Walk Free Foundation, junto a la OIT, han propuesto trabajar con el término “Esclavitud Moderna” como un concepto paragüas que comprenda todos ellos: trata, explotación y trabajo forzoso, entre otros. 

Algunos números 

Del total de más de 40 millones de esclavos, se cree que cerca de 25 millones de ellos están en situación de trabajo forzoso, en sus múltiples expresiones, dejando así a aproximadamente 15 millones de personas, preferentemente mujeres, viviendo bajo un matrimonio forzoso al cual no han consentido. El gran peligro de esta práctica se enmarca bajo la carátula de “matrimonio”, que esconde diversas violaciones a los derechos humanos.  

El indice de esclavitud mundial del año 2018 señaló dos factores que perpetúan las prácticas de trabajo y matrimonio forzoso. Por un lado, encontramos los regímenes gubernamentales represivos; por el otro, el conflicto social. The Walk Free Foundation y la OIT aseguran que son estos contextos los que dan lugar a una mayor expansión de estos crímenes. 

Tomando ello a consideración, es oportuno analizar las regiones más afectadas: se desprende del índice que África y Asia Pacífico representan los territorios más afectados. En África se estima que 7.6 de cada mil habitantes se encuentran sometidos a una práctica que viola su libertad. En términos relativos, este continente es el más afectado. 

Sin embargo, al analizar los números totales, Asia Pacífico se posiciona como la primera región con la mayor cantidad de casos absolutos. Tal como se señala en el gráfico a continuación, se observa que el 62% del total de las víctimas se ubica en Asía Pacífico, un 23% en África, un 9% en Europa y Asia Central, un 5% en las Américas y finalmente, un 1% en los Estados Árabes. 

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Números (en miles) y los porcentajes de la distribución de víctimas de la esclavitud moderna por región.

Fuente: Índice de Esclavitud Global

La esclavitud como una problemática de género

De acuerdo a las publicaciones de la OIT, la esclavitud moderna afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas. Los datos presentados estiman que este grupo es el más vulnerable, representando el 71% de los casos totales. Asimismo, si consideramos la distribución poblacional en las diversas industrias se destaca que aproximadamente 99% de las víctimas involucradas en la explotación sexual son niñas y adolescentes menores de edad. Por otro lado, representan el 40% de los casos de esclavitud impuestos por Estados autoritatrios y el 84% de todos los casos de matrimonio forzoso. 

El informe publicado por The Walk Free Foundation sugiere que existen patrones responsables de esta desproporcionalidad y que hacen, a su vez, más vulnerables a las mujeres y niñas. Tanto en el mercado de empleo formal como en el informal los patrones que los regulan posicionan a los hombres en una posición de privilegio respecto a sus pares del sexo opuesto. Lo mismo sucede al hablar de esclavitud: las mujeres y niñas son quienes, con mayor frecuencia, suelen no tener acceso a derechos básicos y fundamentales que les permiten desarrollarse con autonomía y libertad. 

El agravante de la globalización

Otro punto fundamental que no se debe dejar de lado es la transversalidad de esta problemática. La esclavitud se encuentra frente a nuestros ojos, en los lugares que frecuentamos y en la vestimenta que utilizamos. La globalización ha contribuido a la expansión y perpetuación de este crimen. El comercio internacional y los flujos de producto de la globalización hacen posible que, todos los días, millones de bienes provenientes de mano de obra esclava lleguen a todos los hogares del mundo.

Los países que componen el G20 son quienes lideran el flujo internacional de bienes, servicios y dinero. Igualmente, son quienes más importan productos que están en riesgo de haber sido fabricados por personas esclavizadas. La última cifra publicada por la OIT data de 2018 y estima que cada año el equivalente a 354 billones de dólares de importaciones de estos países tienen un origen dudoso. Los principales productos importados por los miembros del G20 que se encuentran en riesgo son: aparatos tecnológicos como celulares y computadoras, las múltiples prendas de vestir, pescados y mariscos,  la cocoa, y la caña de azúcar y sus derivados. 

Esta problemática no se encuentra aislada, sino que yace inserta en un mundo en donde los problemas son moneda corriente. El cambio climático, las migraciones forzosas, las crisis económicas internacionales, los conflictos inter e intraestatales, entre otros, agravan las condiciones de vida de millones de personas. Como consecuencia, el riesgo de verse sometido a prácticas que violan la libertad de los individuos aumenta de forma exponencial. 

Tomando una perspectiva de seguridad humana, se puede afirmar que nadie está seguro hasta que todos lo estén. Por lo tanto, nadie está seguro si aún existen personas en situación de esclavitud. Frente a esto, es fundamental que los Estados adopten compromisos interseccionales que ataquen a las problemáticas en conjunto.

Quiebre de una problemática global

Para finalizar, vale remarcar que la esclavitud moderna sí existe. Por ende, la capacidad de reconocer sus manifestaciones en la cotidianeidad es fundamental para demandar a los aparatos estatales una respuesta inmediata. Como ciudadanía debemos adoptar el compromiso de cuestionarnos ciertas prácticas y denunciar todas aquellas que puedan, potencialmente, constituir una violación a los derechos y libertades de las personas. 

Por otro lado, se debe tener en cuenta que los números obtenidos y señalados en este artículo son estimativos y que posiblemente las cifras sean exponencialmente mayores. Sin embargo, al tratarse de una actividad ilícita es imposible conocer con exactitud la cantidad de personas que se encuentran esclavizadas, como así también es de gran dificultad conocer los flujos reales de dinero que son resultado de estas prácticas.  

Como se ha mencionado, la esclavitud moderna es una problemática de género que afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas en todos los rincones del planeta. Y en un mundo globalizado en potencia, es indispensable reclamar colectivamente una respuesta a los aparatos nacionales y supranacionales. Son los Estados quienes deben tomar acción para que los derechos y libertades de millones de mujeres, niñas y niños sean garantizados y puedan tener acceso a educación, salud y empleo formal, entre otros. 

Las sociedades deben adoptar una perspectiva lo suficientemente integral y transversal que permita ver con claridad qué sucede, cómo y porqué. Solo de esta forma se entenderá qué sucede, cómo se dan dichas prácticas y qué solicitar a los organismos públicos para obtener resultados eficaces.

Portada: Walk Free

Camila Busso

Camila tiene 23 años, es estudiante avanzada de las carreras de Relaciones internacionales y Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba, Argentina. Por otro lado, es diplomada en Derechos Humanos y Seguridad Humana por la red AUSJAL. Se desempeñó como voluntaria en la organización Refugees Welcome en Barcelona y asimismo, participó en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) como voluntaria en el área de Secretaría Académica. Actualmente se encuentra trabajando en la Legislatura de la Provincia de Córdoba en donde cubre el rol de asistente legislativa.

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