La frontera debatida en el Brexit: un análisis histórico y coyuntural

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El pueblo irlandés ha vivenciado en el siglo XX una gran cantidad de eventos violentos en el marco de los enfrentamientos conocidos como “Troubles”, entre irlandeses unionistas e irlandeses republicanos. Resulta de gran importancia para las dos Irlandas el mantenimiento de la paz establecida por el Acuerdo de Viernes Santo. En este artículo revisamos la historia de las Irlandas y analizamos el desafío que presenta la frontera entre ambas en el marco del Brexit.

La frontera: su historia

Como es de público conocimiento, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, popularmente conocida como Brexit, ha traído aparejados varios debates. Uno de los más importante, es aquel concerniente a la frontera entre Irlanda del Norte (que forma parte del Reino Unido) y la República de Irlanda, Estado independiente del Reino Unido. Sin duda constituye una cuestión clave, dado que la frontera con la República de Irlanda es la única frontera terrestre que el Reino Unido pasa a tener con la Unión Europea tras el Brexit. A comienzos del Siglo XIX, precisamente en el año 1800, el Reino de Irlanda se incorporó al Reino de Gran Bretaña (Unión de Inglaterra y Escocia sellada por el Acta de Unión de 1907). El parlamento irlandés se suprimió, siendo el parlamento de Westminster el nuevo encargado de atender los asuntos escoceses e irlandeses. Un evento medular en el Siglo XIX fue la gran hambruna irlandesa (Great Famine) —grave crisis alimentaria y sanitaria—, la cual generó una importante conciencia colectiva dentro del pueblo irlandés y contribuyó a modificar las relaciones entre el Reino Unido e Irlanda, ahora parte del primero.

En la segunda mitad del Siglo XIX, comenzaron a surgir movimientos de home-ruling (poderes que son devueltos a una comunidad por parte de un gobierno central) dentro de Irlanda. Existieron varios intentos de devolución de poderes, tal como constata Lorenzo Cañás, un antropólogo de la Universidad de Mánchester, en su artículo “Notas sobre la frontera irlandesa: de la independencia al Brexit”. Sin embargo, fue en 1919 que tuvo lugar la guerra de independencia irlandesa, a saber, conflicto bélico que duró hasta 1921 y que, al igual que la gran hambruna del Siglo XIX, marcó un hito en el pueblo irlandés. Los contendientes en dicho conflicto bélico fueron las fuerzas británicas y el Ejército Republicano Irlandés, también conocido popularmente como IRA. Hubo varios episodios trágicos en dicho conflicto hasta alcanzar el alto al fuego, firmado en 1921.  

La partición entre Irlanda del Norte e Irlanda del Sur fue realizada en 1920, pero Irlanda, en su totalidad, continuaba siendo parte del Reino Unido. Fue en diciembre de 1921 que se firmó el tratado Anglo-Irlandés, que llevó a la creación del Estado Libre Irlandés, el cual continuó siendo parte del Commonwealth, aunque obtuvo igualmente derechos de autogobierno. Recién en 1949 Irlanda se desprende del Commonwealth y se proclama como República de Irlanda, tal como la conocemos hoy.

De acuerdo a Cañás (2018), siempre ha habido enclaves de personas republicanas y católicas dentro de Irlanda del Norte y personas unionistas y protestantes dentro de la República de Irlanda. En la década de los 60s, emergieron movimientos de nacionalistas republicanos en Irlanda del Norte, gestando, a su vez, el período histórico conocido como The Troubles o las “revueltas”. Muchos católicos sufrían discriminación en el ámbito laboral y en la adquisición de viviendas, fomentando los ánimos de dichas protestas. Estas implicaron altos niveles de conflicto social entre fuerzas del Reino Unido y grupos paramilitares. Hubo varios episodios en este enfrentamiento, pero su punto álgido se concentró en el año 1972. En este año se desarrollaron el “Bloody Sunday”, donde 13 civiles murieron al formar parte de una marcha de protesta, y el “Bloody Friday”, en donde 9 personas fallecieron por bombardeos del IRA. Los conflictos contaron con alrededor de 3.500 fallecidos y 50.000 heridos. Asimismo, el período histórico de referencia supuso un fortalecimiento del control fronterizo, lo que estableció una frontera altamente securitizada, o “hard border”, como se denomina en el Reino Unido y en Irlanda. 

Finalmente, en 1998, se acordó un cese al fuego y se firmó el llamado Tratado de Viernes Santo o Good Friday Agreement. Dicho acuerdo supuso grandes cambios, como la posibilidad de los ciudadanos de optar por la nacionalidad británica o irlandesa (de la república), la chance de que Irlanda del Norte pueda votar en el futuro para ser parte de la República de Irlanda (abandono total de la vía armada o de los conflictos armados para realizar este cometido), y la coordinación para denominarse “República de Irlanda” y “Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”. De esta manera, comenzó a construirse una verdadera identidad irlandesa, más allá de la división entre República de Irlanda e Irlanda del Norte.

El Brexit y la cuestión de la Unión Europea: preservando la paz de 1998

Ciertamente, el 23 de junio de 2016, Reino Unido votó a favor de abandonar la Unión Europea, poniendo fin a la relación iniciada en el año 1973 tras la decisión británica de formar la Comunidad Económica Europea -antecedente directo de la Unión Europea-. Como señalan Anand Menon y John-Paul Salter en su artículo “Brexit: initial reflections”, Reino Unido ha sido un miembro que ha optado por no participar en eventos y acciones elementales de la Integración Europea. Stephen George, profesor de la Universidad de Sheffield, en su libro “An Awkward Partner: Britain in the European Community categoriza al Reino Unido como un “awkward partner” (haciendo referencia a la condición de Estado miembro de la Unión “extraño o fuera de lo común”). Otro punto importante para destacar es que Irlanda del Norte, integrante del Reino Unido, votó a favor de permanecer en la Unión Europea, con un 55,8%. Junto con Escocia, fueron los únicos integrantes del Reino Unido que optaron por la permanencia en la Unión Europea. 

Por otra parte, la República de Irlanda forma parte de la Unión Europea desde 1973 y aún continúa siendo miembro de esta. Una vez concretado el Brexit, la frontera de la República de Irlanda con el Reino Unido (o con Irlanda del Norte) ha resultado ser una piedra en el zapato bastante molesta para la negociación del acuerdo. Además, no hay duda alguna de la injerencia que tuvo para la nación irlandesa en su conjunto la adopción del Acuerdo de Viernes Santo, que puso fin a un conflicto que afectó las vidas de los irlandeses, sin mencionar que sentó las bases para un futuro diálogo y para una posible unificación.

La idea del establecimiento de una “hard border” ha sido bastante descartada por los dirigentes políticos ingleses e irlandeses. ¿Cuáles serían las alternativas para conjugar los vínculos entre las dos Irlandas y al mismo tiempo respetar la frontera entre un país miembro de la Unión y otro país no miembro?

Diversas alternativas 

La cuestión de la frontera con Irlanda ha sido uno de los temas más acusiantes en la discusión del acuerdo del Brexit. Como señala Pilar Pozzo Serrano en su artículo “Las repercusiones del Brexit sobre el proceso de paz de Irlanda del Norte: consideraciones provisionales”, el Consejo Europeo reconoció que, en caso de que Irlanda alcance la unificación referida en el Acuerdo de Viernes Santo, Irlanda del Norte pasaría a formar parte automáticamente del territorio de la Unión. El gobierno de Reino Unido, a través de un paper publicado a efectos de hacer visible su posición sobre el tema, ha hecho hincapié en la importancia de preservar el Acuerdo de Viernes Santo, en la necesidad de evitar una frontera rígida y en la relevancia de continuar la cooperación entre el sur y el norte, a pesar de la frontera. 

Una de las opciones inicialmente brindadas por la Unión Europea fue un backstop único para Irlanda del Norte. Ello implicaba que solamente Irlanda del Norte permanezca en el mercado único europeo, abandonando Gran Bretaña. Esta chance fue descartada por Boris Johnson, actual primer ministro de Reino Unido. Otra opción sería un backstop pero con la totalidad del Reino Unido, lo cual sería una suerte de soft Brexit. Esta opción será inviable si para el 31 de diciembre de 2020 no se obtiene un acuerdo entre Reino Unido y el Mercado Europeo. Sin embargo, las propuestas de backstop que realizó Theresa May fueron rechazadas, lo que llevó a su renuncia. 

Boris Johnson, en cambio, ha señalado que continuar con la opción del backstop sería antidemocrático. En este sentido, se negoció el llamado “Protocolo de Irlanda del Norte” (o Northern Ireland Protocol) junto con el acuerdo de salida aprobado a fines del 2019. Este protocolo establece que Irlanda del Norte persistirá aplicando las reglas de productos y de estándares de productos de la Unión Europea. En efecto, no resulta necesaria la revisión de productos que pasen de Irlanda del Norte a la República de Irlanda. Amén de ello, existen algunas excepciones; se deberán llevar a cabo revisiones de bienes que ingresen desde Reino Unido hacia Irlanda del Norte a través del mar irlandés. El protocolo entraría en vigor el 1 de enero de 2021, la fecha que inaugura la nueva relación entre Reino Unido y la Unión Europea.

Imagen: The Economist

Un evento inesperado, ¿acercamiento al hard Brexit?

Recientemente, en septiembre de 2020, Boris Johnson presentó un proyecto de ley que permitiría a sus ministros el desconocimiento del acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Reino Unido. Esto ha traído consigo un gran debate sobre la mesa respecto al principio pacta sunt servanda del Derecho Internacional, que establece que lo pactado es obligatorio para los Estados y éstos no pueden ir contra ello fundamentándose en su derecho interno. Esto ha enfriado las negociaciones entre la Unión Europea y Reino Unido para la obtención de un acuerdo comercial antes del 31 de diciembre de 2020. La presidenta de la Unión Europea señaló que espera que Reino Unido cumpla con su Acuerdo de Retirada, pues es una obligación establecida en el marco del Derecho Internacional. El bloque de integración ha dejado en claro su temor al regreso de la frontera rígida o hard border en las Irlandas. Esta legislación también ha preocupado mucho a los irlandeses, que temen que ponga en peligro la paz alcanzada a costa de los esfuerzos del pueblo. El pasado 28 de septiembre de 2020, la BBC publicó un artículo en el que se señala que el Vicepresidente de la Comisión Europea ha declarado que “la posición del Reino Unido está muy lejos de lo que la Unión Europea podría aceptar”. Igualmente, la Casa de los Comunes (House of Commons) aprobó el proyecto de ley remitido por Boris Johnson. El mismo deberá ser aprobado por la Casa de los Lores (House of Lords), donde será analizada hasta diciembre, según constata la Deutsche Welle

Las fronteras muchas veces representan un lugar de encuentro entre dos comunidades diferentes, pero en el caso de Irlanda, la misma ha sido testigo de muchos eventos trágicos que quedaron grabados en la memoria del pueblo irlandés. Será necesario articular la historia de este pueblo con las decisiones a tomar a futuro, tratando de buscar la mejor solución posible.

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