Grupo de Lima: ¿crónica de una muerte anunciada?

Tiempo de lectura:6 minutos

Artículo realizado en conjunto por Camilo González y Carolina Cavero

Grupo de Lima: Origen

En 2015, la oposición venezolana, coaligada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), logró conquistar la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional, derrotando por primera vez al chavismo en las urnas desde 1999. La presencia de la oposición en el parlamento aumentó las expectativas de detener el supuesto proceso de desmantelamiento de la democracia, iniciado por el presidente Hugo Chávez (1999-2013), parcialmente derrotado en el referéndum del 2007 y reanudado por su sucesor, Nicolás Maduro. 

Sumado a ello, el contexto hemisférico favorecía la idea de un cambio de régimen político en Venezuela. En Washington, la administración de Donald Trump (2016-2020) impulsó una política exterior agresiva frente a la solución de la crisis venezolana, mientras que en América Latina el péndulo ideológico giraba hacia la derecha con el ascenso de varios gobiernos de esta corriente política en Argentina (2015), Brasil (2018), Chile (2017) y Colombia (2018). Ello debilitó el sistema de alianzas regionales de Caracas con el que blindaba su proceso político: la Revolución Bolivariana. 

Además, el deterioro económico y social de Venezuela, causado por la debacle de la industria petrolera y la caída de los precios internacionales del crudo, obligaron a cerca de 6 millones de venezolanos a emigrar a los países vecinos, generando un inédito fenómeno migratorio en el continente. En este escenario, sin embargo, la élite en Caracas cruzó la frontera que separa la democracia de la dictadura: en 2017, lejos de calmar las aguas, Maduro decidió desconocer a la Asamblea Nacional (AN) y crear un parlamento paralelo denominado Asamblea Nacional Constituyente (ANC), integrado exclusivamente por miembros del chavismo.

Esta medida suscitó la reacción de la Organización de Estados Americanos (OEA), la cual mpulsó una resolución para condenar la deriva de Maduro. No obstante, solo 17 gobiernos de los 33 Estados miembros de la organización regional apoyaron la postura de sancionar al gobierno venezolano

Esta falta de consenso se convirtió en el hito de origen del Grupo de Lima (GL), creado en agosto de 2017 en la capital peruana y conformado por 12 países: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú. En su primera declaración, delineó su postura diplomática: condenar de la violación a los Derechos Humanos y actos de fuerza por parte del régimen de Maduro, reconocer la Asamblea Nacional opositora, defender la democracia a nivel multilateral, y expresar preocupación por la crisis migratoria.

Luces y sombras

Desde su origen, el GL planteó una ruta de acción multilateral a fin de construir las condiciones propicias para el retorno de la democracia en Venezuela. Esta ruta ha estado consignada por varios objetivos que este foro político consideró necesarios para cumplir su misión. De los puntos esbozados en la Declaración de Lima, la estrategia para democratizar a Venezuela tuvo más acciones de aislamiento diplomático que de debilitamiento material del régimen.

El GL aunó esfuerzos para condenar la ruptura del orden democrático en Venezuela y desconocer la ANC legitimada por Maduro. Estas acciones se han traducido en comunicados conjuntos que denuncian el comportamiento de Maduro y en el apoyo al G-4, la coalición de partidos opositores, por sostener la institucionalidad de la AN.  De la misma forma, el GL apoyó las medidas cautelares del ex fiscal Luisa Ortega Díaz, quien desde su defección de las filas del oficialismo tras el autogolpe ha denunciado la trama de corrupción entre Odebrecht y el gobierno venezolano. 

Por otro lado, trabajó activamente en denunciar las violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela. Dichas violaciones han sido advertidas también en los informes de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, quien ha logrado colocar los reflectores de la comunidad internacional sobre el asunto, reforzando las denuncias del GL.

Este constante monitoreo del estado de la democracia y las libertades en Venezuela ha servido para que el GL haya institucionalizado parcialmente sus canales diplomáticos. Claros ejemplos de ello fueron: la suspensión de Venezuela del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la cancelación de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) de 2017, y el reconocimiento del gobierno interino de Juan Guaidó.

No obstante, es preciso apuntar las deficiencias del GL para explicar su eclipse. En primer lugar, existen serios cuestionamientos sobre su compromiso frente a la denuncia del uso de la fuerza. Si bien el GL ha acusado al gobierno de Maduro por las diversas violaciones a los Derechos Humanos, este foro político no rechazó contundentemente el intento de golpe del 30 de abril de 2019 por parte de guardias nacionales contra Maduro ni el intento de invasión “Operación Gedeón”, ejecutada por militares venezolanos y mercenarios. 

Adicionalmente, los países miembros del GL no lograron impedir que Venezuela integrara el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Esto demuestra que Caracas, así como otros gobiernos cuestionados, ha acudido a alianzas extrarregionales para sobrevivir en el ambiente internacional. Igualmente deja ver que la presión ejercida sobre este tipo de regímenes debe contar con las potencias globales para producir efectos tangibles.

Aunque el GL apuesta por regionalizar esfuerzos, el multilateralismo latinoamericano oscila entre la negación y la inconsistencia frente a la crisis venezolana. Varios gobiernos, alineados ideológicamente o favorecidos por ayudas de los esquemas de cooperación venezolano, siguen apoyando a Maduro bloqueando las resoluciones en la OEA. Otros se oponen a su deriva arbitraria mientras puertas para adentro presentan episodios antidemocráticos que hacen dudar de su verdadero compromiso con la democracia.

En suma, la diplomacia del GL no se ha materializado en logros sustantivos. No se ha logrado la democratización de Venezuela y la cifra de 4.6 millones de migrantes venezolanos en América Latina —especialmente en Colombia, Perú y Chile— hace que la falta de voluntad política cunda entre sus filas. Por el contrario, la élite de Caracas parece inmune ante el cerco diplomático que el presidente colombiano Iván Duque propuso como línea de acción regional para empujar a Venezuela al redil de las democracias.

¿Sobrevivirá el Grupo Lima?

A cuatro años de su inicio, el GL sucumbió al anonimato del escenario regional. Su estrategia de aislamiento internacional no ha provocado serios daños a la supervivencia del régimen de Caracas. Contrariamente, parece que dicha estrategia ha sido más un obstáculo para el propio grupo que para el país foco de sus acciones multilaterales. Esto ha resultado ser así debido a su institucionalidad informal y la naturaleza intergubernamental del mismo, haciendo del GL una organización vulnerable a la coyuntura política latinoamericana signada por la volatilidad de los alineamientos y la competencia entre organizaciones regionales.

Desde el inicio del siglo XXI, América Latina ha experimentado tanto el ascenso de gobiernos de izquierda (2000-2008) como el regreso de gobiernos conservadores (2015-2018). No obstante, desde 2019 no ha existido una tendencia política transversal a los países, lo que impone una particular reconfiguración en las lealtades de los gobiernos hacia sus alianzas regionales, debido a la heterogeneidad ideológica. 

En el caso del GL, el balance revela estancamiento y descoordinación: mientras que en 2019 lo integraban 14 países (en su momento se sumaron Santa Lucía y Guyana), para 2021 el foro vuelve a contar con 12 miembros (con la salida de Argentina y Santa Lucía en 2021). Más aún, ni México ni Bolivia han suscrito los recientes comunicados del grupo y el nuevo gobierno peruano ha anunciado su intención de retirarse, lo cual supondría un golpe simbólico y de recursos a la iniciativa multilateral.

Este juego de lealtades aparece inmerso en un continente con una proliferación de organizaciones regionales y subregionales. En su momento, el giro a la izquierda favoreció la creación de nuevas instituciones regionales como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008 y la CELAC en 2010. El posterior ascenso de la derecha en 2019 impulsó el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), a la vez que revalorizaba el protagonismo de la OEA. 

Este solapamiento de organizaciones ha generado un fenómeno de forum-shopping, en el que los países se adhieren o crean nuevas organizaciones en función de blindar sus intereses políticos propiciando una competencia desleal entre organizaciones. No sólo el forum-shopping ha afectado el multilateralismo, sino que también se han extendido las iniciativas que buscan la salida a la crisis venezolana. El GL se ha visto obligado a compartir su campo de acción con el Grupo de Contacto Internacional (GCI), que incluye gobiernos europeos y latinoamericanos (Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Panamá y Uruguay).

Este hecho aumenta el riesgo de la inviabilidad del GL, particularmente por su acento agresivo en torno a la solución de la crisis venezolana que dista de la defendida por el GCI. De esta manera, en agosto de 2021, el gobierno venezolano y la oposición iniciaron una nueva ronda de negociación que el GCI ha saludado, mientras que el GL brilla por su ausencia y permanece escéptico respecto al desarrollo del diálogo.

Las negociaciones entre el Gobierno y la oposición venezolana en México, llevadas a cabo en septiembre de este año con el patrocinio de Noruega para aligerar la presión económica y social de Venezuela, suponen el próximo reto para la supervivencia del GL. Hasta el momento, su agenda política no ha logrado convencer sobre las virtudes de una política de mano dura contra las dictaduras. Será entonces un cambio de estrategia hacia una hoja de ruta más inclusiva en sus actores, flexible en sus medios, e imparcial en sus actuaciones la que salven al GL de una muerte anunciada.

Portada: Diego Bono Imperial (Ilustrador de VG)

Visión Global

Artículo realizado por el equipo de Visión Global o por la coautoría referida al inicio del artículo.

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