Irán y Estados Unidos: líneas divisorias para el acuerdo nuclear

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Bajo el fundamento de que Irán aumentaba su capacidad nuclear, en 2018 el ex presidente Donald Trump decidió retirar a Estados Unidos del Joint Comprehensive Plan of Action, mayormente conocido como el “Acuerdo Nuclear”. A fin de reducir las sanciones impuestas, Irán se había comprometido a limitar sus reservas de uranio, reduciendo el número de centrifugadoras y manteniendo su programa nuclear con fines científicos y pacíficos. 

Como consecuencia de la retirada, las sanciones de Estados Unidos se impusieron nuevamente. Esta situación desencadenó que, en el año 2020, Irán dictara una ley que permitía aumentar sus reservas de uranio al 20% —por fuera de los programas nucleares no armamentísticos— , en una clara violación al acuerdo y bajo las denuncias por intentar conseguir un arma nuclear.

Ante la posibilidad de reanudar el acuerdo, surgen los interrogantes sobre qué actores estarán a favor y quienes no. Los distintos intereses que se ponen en juego son más interesantes de analizar que el acuerdo en sí, ya que demuestran que muchos de los problemas existentes no se resolverán con un nuevo acuerdo. 

El regreso de Estados Unidos

Joe Biden está enfocado en asegurar, como mencionó Thomas L. Friedman, el principal interés estratégico de Estados Unidos en Medio Oriente: evitar que Irán adquiera un arma nuclear que obligue a Turquía y los demás Estados árabes a obtener el mismo armamento y profundizar la desestabilidad de la región.

A diferencia de Trump, en el gobierno actual se considera que Irán comenzó a violar los términos del acuerdo una vez retirado EE.UU y no antes. Permitir que Irán se encuentre más cerca de alcanzar un bomba nuclear no es un posibilidad que Biden quiera dejar pasar, aún si tienen que levantar acciones. Desde la Casa Blanca prefieren un escenario donde el programa nuclear esté “contenido en una caja” a uno donde no. 

Sin embargo, Biden se encuentra nuevamente con un problema conocido: los votos en el Senado. El Congreso tiene derecho a revisar la vuelta al acuerdo y muchos de los congresistas republicanos actuales votaron en contra del acuerdo del 2015 y a favor de la retirada de EE.UU en 2018. 49 de los 50 senadores republicanos ya anunciaron que votarán en contra alegando que este nuevo acuerdo no frena completamente el desarrollo de un arma nuclear por parte de Irán ni restringe el programa de misiles balísticos.

El pedido iraní

Hace más de un año que en Viena representantes de la Unión Europea se reúnen con funcionarios iraníes para lograr la vuelta del acuerdo. Irán se niega a negociar directamente con Estados Unidos, motivo por el cual utiliza como canal oficial a los demás integrantes del acuerdo (Reino Unido, Rusia, China, Francia y Alemania).

Irán ha negado tener la intención de construir un arma nuclear, pese a que ha permitido el aumento de uranio hasta el 20% y aumentado el número de centrifugadoras. El país busca garantías de que el reingreso de Estados Unidos no se revertirá y las sanciones no se impondrán nuevamente. 

Hossein Amirabdollahian, ministro de Asuntos Exteriores de Irán, mencionó que la decisión se encuentra del lado de los americanos a fin de cerrar el acuerdo. Según él, el momento de ceder por parte de Irán ya tuvo lugar y espera que del otro lado muestren creatividad y flexibilidad a la hora de negociar.

Un punto central que presenta reticencias es el pedido de Irán de retirar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras de Estados Unidos (FTO por sus siglas en inglés).

La Guardia Revolucionaria Islámica es una facción del Ejército iraní. Es un cuerpo de élite que se creó para defender el sistema islámico nacional de la Revolución del año 1979. Dentro de ella, se encuentra la Fuerza Quds, el brazo extranjero de las fuerzas que  son denunciadas por apoyar militarmente a milicias en Irak, Siria, Yemen y Líbano. 

En el año 2007, la administración de Bush catalogó la Fuerza Quds como organización terrorista global dentro la lista negra del Departamento del Tesoro de EE.UU. Diez años después, Trump agregó a toda la IRGC en dicha lista y la sumó a la lista FTO siendo la primera vez que un brazo armado oficial de un Estado ingresaba.

Entonces, ¿qué se juega? Existen diferentes posiciones que debaten sobre si el ingreso de la IRGC en la lista de FTO fue simbólica o no y si hoy es posible retirarla a fin de lograr el acuerdo.

Del lado de quienes apoyan su mantenimiento fundamentan que estar dentro de la FTO prohíbe expresamente a cualquier ciudadano estadounidense u empresa brindar apoyo material a quienes se encuentren en la lista. 

Michael Herzog, embajador israelí en los Estados Unidos, considera que tuvo efectos prácticos en la realidad y no fue únicamente simbólica. De acuerdo a retirarla o no, se pregunta: ¿por qué se está hablando sobre este tema en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear? y ¿cuál es la conexión? Si se remueve de la lista se enviaría un mal mensaje al mundo. 

En contraposición, están quienes consideran que la jugada del 2019 fue puramente simbólica, ya que respondía a una política de Trump de máxima presión. El fundamento principal es que aunque se retirara la IRGC de la FTO, seguiría formando parte de otras listas que la catalogan como organización terrorista (Ej: la del Tesoro de EEUU de 2017) de las cuales Irán no solicitó su remoción.

De esta manera, el IRGC seguirá bajo muchas sanciones. Según Esfandyar Batmanghelidj, Irán no busca cambiar la opinión de los inversores extranjeros, sino una vía para demostrar a los líderes del IRGC que una postura constructiva hacia la diplomacia con los Estados Unidos puede dar sus frutos. 

Intereses contrapuestos

Pese a que para Biden el acuerdo con Irán es un asunto a resolver, los cuatro países de Medio Oriente no se encuentran muy conformes. Las críticas se centran en la reconstrucción económica que podría producirse en Irán una vez que bajen las sanciones. El pedido es no brindar herramientas por medio del acuerdo que permitan que Irán aumente su esfera de influencia en la región. 

El resultado, según ellos, es obvio: el dinero que ingresará al país se destinará a mejorar su armamento militar y el programa de misiles balísticos, siendo los países vecinos los objetivos principales.

Israel y Emiratos Árabes Unidos han acelerado esfuerzos para lograr un eje anti-iraní. Los funcionarios de estos países consideran que un mal acuerdo es peor que ningún acuerdo ya que restringe su libertad para actuar militarmente contra Irán. Analizan como negativo que el nuevo acuerdo tenga un plazo de dos años, motivo por el cual el programa nuclear con fines armamentísticos no tendría una solución de fondo. 

En marzo de este año tuvo lugar la Cumbre de Negev y durante dos días se reunieron los ministros de relaciones exteriores de Israel, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Egipto, Bahréin y Estados Unidos a fin de unir esfuerzos para construir “una nueva arquitectura de seguridad en la región”. Como resultado del encuentro, se comprometieron a cooperar en materia de desarrollo tecnológico, tolerancia religiosa, seguridad e inteligencia. Asimismo, expresaron a Anthony Blinken sus dudas sobre el comportamiento de Irán.

Benny Gantz, Ministro de Defensa de Israel, argumenta que las lagunas que puede dejar un posible acuerdo serán problemas difíciles de resolver en un futuro. En ese sentido expresó que Israel deberá moverse hacía un plan B que aumente la cooperación en inteligencia por medio de una coalición que opere contra Irán. 

Por otro lado, Fuad Hussein, Ministro de Relaciones Exteriores de Irak, comentó que un acuerdo nuclear iraní es de interés para Irak dado que reduciría la tensión interna con Irán y la región. El conflicto entre Washington y Teherán se refleja en el suelo iraquí. Según Hussein, las crisis regionales repercuten en las crisis internas, por lo que están obligados a resolver los asuntos por fuera de sus fronteras.

El camino con o sin acuerdo

Si se logra llegar a un acuerdo entre EE.UU e Irán, cuestión que se negocia mientras se escribe este artículo, lo interesante será analizar cómo los intereses esgrimidos previamente se acomodan en el tiempo. 

Tal como lo advirtió en el año 2019 Trita Parsi, la decisión de Trump de incluir a la IRGC a la lista FTO redujo la maniobra de futuros gobiernos, en este caso Biden, para tener relaciones con Irán, debido a que las negociaciones no pudieron eludir este aspecto.

Desde el Departamento de Estado de EE.UU, mencionaron que se están preparando para un mundo en el que se reanude el acuerdo y un mundo para el que no. Sin embargo, aún no se menciona cuáles son los planes a futuro para ello, aunque podríamos inferir que la Cumbre de Negev brinda un escenario de cooperación con un eje anti-iraní.

Por el lado de la Unión Europea, Josep Borrell comentó que a fin de salvar las negociaciones, se podría considerar un escenario donde se levante la designación de la IRGC como organización terrorista, pero se mantenga a las Fuerza Quds. 

Por su parte, para los países de Medio Oriente reticentes al acuerdo no existirá un cambio sustancial ya que Irán seguirá siendo desestabilizador de la región. Tanto para Israel como para Arabia Saudita el programa de misiles balísticos, el apoyo a milicias armadas y la tensión en asuntos religiosos continuarán siendo el principal foco a descomprimir, aún si EE.UU no lo reconoce.

Camila Farías

Camila Farías tiene 27 años y es Abogada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Posee una Diplomatura en Migrantes y Protección de Refugiados de la UBA. Actualmente se encuentra maestrando en Diversidad Cultural por la Universidad Tres de Febrero y realizando la Diplomatura de Estudios Avanzados en Gestión Parlamentaria y Políticas Públicas del Instituto de Capacitación Parlamentaria de la Cámara de Diputados de la Argentina y la Universidad Nacional de San Martín.

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