La Venezuela de Maduro ¿más cerca de la legitimidad?

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En el año 2017, masivas y sucesivas protestas de los ciudadanos y el creciente protagonismo de Juan Guaidó como “Presidente Encargado” de Venezuela, llevaron a creer que tal vez algo podría cambiar. Aquellas manifestaciones de 2017 fueron convocadas por varios líderes opositores tales como Freddy Guevara, Miguel Pizarro y Roberto Patiño, en un contexto de descontento y crisis política y económica. Las protestas de los ciudadanos venezolanos dejaron como saldo gran cantidad de muertos y heridos, y cierta desesperanza por la continuación de Maduro en el poder. 

Posteriormente, en el año 2020, Venezuela celebró elecciones para elegir a 277 legisladores nuevos que estarán en el cargo hasta 2026. En aquella oportunidad, la oposición llamó a la ciudadanía a abstenerse de votar como una medida de rebelión, generando que únicamente el 31% del padrón electoral concurra a las urnas. Los resultados de aquellas elecciones dieron como ganadores con la mayoría de las bancas al Gran Polo Patriótico, coalición liderada por Maduro y compuesta por miembros de varios partidos como el Partido Socialista Unido de Venezuela, Unidad Popular Venezolana, Patria Para Todos, Movimiento Tupamaro de Venezuela, entre otros. 

La Asamblea de Maduro asumió el 5 de enero de 2021, momento a partir del cual comenzaron a existir dos Asambleas Nacionales paralelas en Venezuela: la del oficialismo por un lado, y la de la oposición encabezada por Guaidó, por el otro. A esta última, Maduro la suele llamar la Asamblea “en desacato”. A nivel internacional, algunos países como Rusia y Cuba reconocieron el proceso electoral, mientras que otros, como Estados Unidos o los miembros de la Unión Europea, plantearon la falta de transparencia de la contienda. 

De esta forma, los acontecimientos de 2020 hicieron que la esperanza de un cambio a favor de una mayor democratización de la política venezolana continúe desvaneciéndose. La situación humanitaria, ya grave, continuó empeorando con la pandemia en la cual se evidenció la falta de infraestructura sanitaria y faltantes de medicamentos para atender las necesidades de la población. 

A pesar de esto, la coyuntura internacional y regional de 2022 parece estar dándole una segunda oportunidad a Nicolás Maduro. Por un lado, la invasión rusa a Ucrania trajo consigo el aumento del precio del petróleo, gas y alimentos. Por el otro, en algunos países de América Latina están llegando al poder presidentes de izquierda, como Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia. 

Consecuencias de la guerra Rusia-Ucrania 

En cuanto a la guerra, es menester recordar que Rusia es uno de los países más importantes en lo que respecta a la exportación de recursos energéticos como petróleo, gas natural y carbón. Con el estallido de la contienda, los países miembros de la Unión Europea (UE), Estados Unidos y el Reino Unido (entre otros) decidieron reducir o cortar la importación de estos recursos de Moscú. Esto deja un espacio libre en el mercado que Venezuela puede ocupar. 

Ya en el mes de mayo, el gobierno estadounidense de Joe Biden anunció la “relajación” de algunas sanciones contra Venezuela y emitió una licencia limitada a la petrolera Chevron para que comience a negociar los términos de posibles actividades conjuntas con la petrolera estatal PDVSA. Cabe destacar, que dentro de las sanciones que se impusieron a Caracas durante el gobierno de Donald Trump, se encuentran la prohibición de hacer negocios con PDVSA, de comercializar bonos del Tesoro de Venezuela y el congelamiento de activos de funcionarios venezolanos en Estados Unidos.  

Asimismo, en junio Maduro declaró que Washington “dio pasos leves pero significativos para entregar licencias a las empresas de Chevrón, ENI y Repsol para iniciar procesos de producción de petróleo y gas en Venezuela”. Además, Maduro aprovechó la situación para invitar a empresas extranjeras a invertir en Venezuela. 

Nueva ola rosa en América Latina 

Con respecto a la llegada al poder de presidentes de izquierda, destaca la asunción de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia el pasado 7 de agosto. Así, Maduro encontró a un nuevo “compañero”, pero aún no un aliado. En este sentido, el nuevo mandatario colombiano decidió cambiar el rumbo de la política exterior que venía teniendo su país con respecto a Venezuela durante el gobierno de Iván Duque. Petro adoptó una postura más cordial con su vecino, no sólo reconociendo el gobierno de Nicolás Maduro, sino también restableciendo relaciones diplomáticas y avanzando en la reanudación de las relaciones comerciales. 

La reapertura de la frontera entre ambos países el 26 de septiembre permitirá intensificar las relaciones comerciales entre ambos países, posiblemente, mejorando un poco la situación económica de Venezuela. Si ello sucede, Maduro va a tener pruebas para justificar que el mal desempeño económico del país durante los años anteriores se debe tanto al bloqueo estadounidense como a la ruptura de las relaciones con Colombia durante el gobierno de Duque. 

Otro guiño de Petro hacia Maduro fue la reciente confirmación de que la empresa petroquímica Monómeros quedará bajo control venezolando. Es importante aclarar que Monómeros es una filial de Pequiven, entidad que forma parte de la estatal PDVSA, y está situada en Barranquilla, Colombia. Billy Escobar, superintendente de Sociedades de Colombia, declaró que “siguiendo el principio de la legalidad, al cual se atiene su país, le corresponde al gobierno venezolano, como dueños de la empresa, elegir una junta directiva que se encargue de dirigir Monómeros”. 

El valor estratégico de Monómero radica en que es una empresa que se especializa en la fabricación de fertilizantes, producto cuya oferta comenzó a escasear tras el estallido de la guerra entre Ucrania y Rusia. De esta forma, Maduro adquiere nuevamente un elemento con el cual negociar y obtener un beneficio económico. 

Entonces, ¿por qué esto es una oportunidad para Maduro? 

Nicolás Maduro tiene ante sí la posibilidad de ganar aceptación en detrimento de Juan Guaidó, como consecuencia de la coyuntura internacional. Dicha aceptación le sirve al mandatario venezolano para legitimarse ante el mundo. Por ejemplo, es probable que una empresa que se vea beneficiada por un mayor flujo de comercio con la reapertura de la frontera colombo-venezolana acepte y reconozca a Nicolás Maduro ya que es su gobierno el que toma las medidas para permitir la reapertura y no el de Juan Guaidó. 

Incluso, en el caso de que Maduro no logre obtener el reconocimiento de líderes como Joe Biden o de mandatarios europeos que actualmente apoyan a Guaidó, el gobierno chavista se beneficiará igualmente por el rédito económico que le puede generar la eventual exportación de petróleo. 

Además, si bien Biden presiona para que avancen las negociaciones en México entre la oposición y el oficialismo venezolano, la realidad es que el gobierno estadounidense actualmente está más centrado en la guerra entre Rusia y Ucrania y en los movimientos de China, que en Juan Guaidó y su agenda. De esta forma, se evidencia cada vez más que, aunque Guaidó detenta el apoyo internacional y representa a la oposición y su lucha por fortalecer la democratización, el alcance real que tiene en asuntos claves de Venezuela es limitado. A su vez, el apoyo y la presión internacional que existía en 2017 con las manifestaciones del pueblo venezolano, no continúan ahora con la misma intensidad. 

La próxima oportunidad que se le abre a Guaidó y la oposición para tratar de recuperar el poder en Venezuela —con ayuda internacional— son las próximas elecciones en 2024. Queda por ver cómo se organiza la oposición para enfrentar los comicios y cuáles serán las condiciones de los mismos. Por ahora, el mundo y los principales líderes parecen estar demasiado concentrados en otros asuntos como la guerra y sus consecuencias y la recuperación económica post pandemia. 

A su vez, Maduro tiene ante sí un panorama que parece positivo. Sin embargo, depende de él mover sus fichas de forma audaz; por ejemplo, apostando a una actitud más conciliadora tanto con la oposición como con las potencias occidentales. Ello permitiría que el régimen chavista logre obtener réditos económicos sin tener que hacer grandes cambios políticos.

Portada: foto

Zoë Lena

Zoë Lena Salame tiene 21 años, es estudiante avanzada de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa, Buenos Aires, Argentina. Durante el segundo semestre de 2019 se ha desempeñado como voluntaria en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y actualmente es pasante en el Instituto Ideas en el área de Desarrollo Sustentable.

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