Suiza y su neutralidad no tan neutral

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La invasión de Rusia a Ucrania conmocionó a la comunidad internacional y trajo respuestas y repercusiones de todo tipo. Una de ellas fue el foco sobre Suiza, el pequeño país alpino en el centro de Europa, y su conocida política exterior de mantenerse neutral ante el mundo. 

La neutralidad de Suiza fue reconocida a nivel internacional con la firma de la Convención de Viena en 1815 y establece que Berna no participará de conflictos, a la vez que tampoco se podrían llevar adelante conflictos en su territorio.

Desde el Departamento Federal de Asuntos Exteriores (DFAE) se define a la neutralidad como un instrumento de la política exterior y una política de seguridad. Esto incluye el hecho de que la neutralidad es un Marco Legal, estableciendo derechos y obligaciones para Suiza; una política que le permite desempeñarse en el ámbito internacional como un actor de facilitación y mediación; una identidad, ya que el mundo reconoce al pequeño país por ello; y, por último, una tradición humanitaria que brinda buenos oficios y aboga por la paz. 

Sin embargo, toda esta larga política fue puesta en tela de juicio cuando el 28 de febrero de 2022 Suiza decidió sumarse a las sanciones europeas hacia Rusia. Como consecuencia de esto, pudimos leer a muchos usuarios escribir en Twitter cosas como: “sabes que la embarraste cuando Suiza deja de ser neutral”, dando a entender que Berna habría abandonado la neutralidad. En este punto encuentro pertinente hacer un breve análisis para dilucidar si efectivamente puede hablarse del fin de la política de neutralidad o no. 

Interfaz de usuario gráfica, Texto, Aplicación

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Fuente: Twitter del Embajador Suizo en Argentina

En primera instancia, considero importante aclarar que las sanciones económicas impuestas a Rusia son un evento sin precedentes. Esto significa que alguna singularidad de este conflicto tiene alcance o impacto suficiente para que el gobierno del país helvético adoptara esta decisión. Acá encontramos un punto clave: el presidente suizo, Ignazio Cassis, ha declarado “hacer el juego a un agresor no es neutral”. 

¿Qué significa esto? En esencia, que desde la óptica del derecho internacional se puede identificar claramente que Rusia juega el papel de Estado agresor que entra belicosamente en Ucrania, que es el Estado víctima ya que es invadido. Entonces, para el derecho internacional y Suiza, queda claro quién está rompiendo las normas internacionales llevando al quebrantamiento de la paz y quién no. 

Además, si retomamos el concepto de neutralidad de Suiza, podemos identificar la arista humanitaria de este instrumento de política exterior. En este sentido, la DFAE considera que “(…) Suiza da a su neutralidad una orientación humanitaria centrada en la paz”. 

De esta forma, si Rusia fue quien quebrantó la paz mediante su invasión a Ucrania, el país helvético no puede simplemente hacer la vista gorda ya que implicaría dejar de lado este aspecto humanitario que es constitutivo de la neutralidad. 

Es por ello por lo que desde el gobierno suizo se ha hecho énfasis en que la neutralidad del país se mantiene intacta, porque las medidas tomadas contra Rusia son parte de las obligaciones que le implica el derecho internacional a un Estado neutral. 

Este concepto suizo de neutralidad que persigue fines humanitarios y de paz resulta importante sobre todo dado que en el sistema internacional no se puede estar ajeno a lo que ocurre en el mundo; todo lo que sucede termina repercutiéndonos a todos. 

La contracara es que muchos pueden creer que estamos hablando de una neutralidad que no es tan neutral, porque al fin y al cabo en temas de Derechos Humanos el país opta por una postura. Esto tiene que ver con el hecho de que así como la política no es lineal, tampoco lo son las políticas que los gobernantes aplican diariamente. 

Entonces, si bien queda claro que Suiza sostiene una neutralidad con fines humanitarios o una neutralidad no tan neutral, según desde dónde lo veamos, queda otro punto llamativo por revisar: ¿por qué en esta ocasión Suiza decidió sumarse a las sanciones?

Por ejemplo, podemos tomar el caso de dos conflictos relativamente recientes, el de Hamas e Israel que escaló en 2021 y la guerra de Nagorno Karabaj en 2020. Cabe aclarar que estos dos conflictos son distintos entre sí y también diferentes al que se desarrolla entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, en todos los casos hubo derechos humanos vulnerados y civiles afectados. 

A pesar de esto, el gobierno suizo siempre ha respondido de forma similar: instado a las partes a llegar a un acuerdo para restablecer la paz o se han ofrecido como mediadores de la disputa. Entonces, ¿qué es diferente en esta ocasión? 

Ignazio Cassis declaró que la invasión de Rusia a Ucrania significa el final “de una era, desde el término de la Segunda Guerra Mundial, en la que ninguna nación soberana y democrática del continente (europeo) había sido atacada”. Dicha declaración nos da un indicio de qué tiene esta disputa que no tuvieron las otras. 

El ataque ruso trae el recuerdo a las épocas bélicas que sacudieron al continente europeo en el siglo XX y que con la conformación de la Unión Europea se buscó evitar. Los europeos lograron establecer un sistema que les permitía vivir en paz, tolerando y aceptando las diferencias entre Estados. Varias generaciones crecieron naturalizando esta paz y convivencia, creyendo que ello siempre sería así. 

En este sentido, lo que podemos interpretar es que Suiza considera que este hecho es un nuevo punto de quiebre en Europa, donde se rompe la paz del continente y amenaza un posible retorno a la época bélica. Si bien Berna no forma parte de la Unión Europea, un conflicto que se extienda por el continente tendría implicancias para Suiza, por lo que es necesario tomar acciones concretas para frenar esta hipotética situación. 

De esta forma, podemos deducir que el significado que tiene el conflicto ruso-ucraniano para Europa es lo que llevó al país alpino a sumarse a las sanciones europeas e involucrarse de forma más directa, a diferencia de otros conflictos. 

Zoë Lena

Zoë Lena Salame tiene 21 años, es estudiante avanzada de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa, Buenos Aires, Argentina. Durante el segundo semestre de 2019 se ha desempeñado como voluntaria en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y actualmente es pasante en el Instituto Ideas en el área de Desarrollo Sustentable.

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