Taiwán: historia, actualidad y escenarios futuros

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La República de China es un país único, ¿o no lo es? Desde 1949, con el fin de la Guerra Civil China, hasta la actualidad, el estado de la isla de Taiwán ha sido un punto contencioso entre los diferentes Estados del mundo. Hoy en día, la República Popular de China (o lo que conocemos como China) no reconoce como país a la República de China (Taiwán), sino que se refiere a ella como una “provincia rebelde”. 

De la misma forma, ciertas voces dentro de Taiwán sostienen que existe una sola China y que el gobierno legítimo de la misma se encuentra en Taipéi. Finalmente, algunas corrientes políticas dentro de la isla abogan por Taiwán como un país independiente. Esta multiplicidad de posiciones puede resultar confusa si no se tiene en cuenta el contexto histórico que rodea la actual coyuntura política antes descripta.

Un acercamiento histórico

Previo a la Segunda Guerra Mundial, China se encontraba en un estado de profunda turbulencia interna. Para 1937, la guerra civil arrastraba ya diez años entre violentos combates y breves treguas. Por un lado, el Kuomintang (KMT), liderado por Chiang Kai Shek, defendía la República de China (hoy conocida como Taiwán). El KMT, o el Partido Nacionalista Chino, creía firmemente en un tutelaje político que posteriormente desembocaría en la llegada de la democracia. Por otro lado, el Partido Comunista Chino (PCC) adhería a un modelo similar al soviético y le disputaba el poder al KMT oficialista. 

Sin embargo, la invasión japonesa de 1937 forzó a una tregua entre ambas posiciones políticas. El enemigo nipón estaba mejor armado así como liderado, y por tanto representaba una amenaza que la China nacionalista no podía enfrentar sola. Tras el incidente de Xi’an, en el cual Chiang fue secuestrado y forzado a firmar una alianza, se formó el Segundo Frente Unido, confrontando la invasión japonesa. No obstante, la alianza era tal sólo en papel; la cooperación entre ambas facciones sería mínima, solo habiendo un alto al fuego.

Cuando la Segunda Guerra Mundial finalizó, las hostilidades fueron reanudadas y, para 1949, el bando nacionalista se encontraba en franca retirada. Chiang Kai Shek, con los remanentes de sus seguidores, se hizo a la mar y arribó a la isla de Taiwán, desalojando a la guarnición japonesa que controlaba la isla e instalando su gobierno. Fiel a sus ideales, entre 1949 y 1987, la isla fue gobernada bajo ley marcial. Solo cuando su hijo le sucedió en el poder hubo lugar a elecciones.

A lo largo de las décadas, tanto la República Popular de China como el gobierno de Taiwán han acordado en pocas cuestiones, salvando un principio fundamental: el de una única China. Para ambos China es indivisible. La diferencia estriba en que cada uno considera su gobierno como legítimo y al contrario como insurrecto, de facto.

No obstante, la situación política en la isla de Taiwán ha cambiado en las últimas décadas. El fin de la ley marcial y la apertura a la democracia en el 1987 implicaron la aparición de nuevas agrupaciones políticas, entre las que se destacó el Partido Democrático Progresivo. El mismo aboga, hasta el día de hoy, por un Taiwán independiente, un Estado propio.

Desde el presente

En los últimos años, Beijing ha tomado una postura agresiva hacia Taipéi. Esto se puede asociar con la llegada de Xi Jinping al poder. En palabras de Bonnie Glaser, director del China Power Project en el Center of Strategic and International Studies: “Xi Jinping esencialmente ha relacionado el rejuvenecimiento de la Nación China con la toma de Taiwán”.

Dicha postura se ha traducido en ejercicios navales en las costas de la isla e incursiones en su espacio aéreo. En tanto Taiwán carece de un poderío bélico equivalente o similar al de la República Popular de China, depende mayoritariamente del apoyo tácito de Estados Unidos y sus aliados en el pacífico.

Pese a que, con el acercamiento sino-estadounidense de los años setenta, las relaciones entre Taipéi y Washington perdieron toda oficialidad, la realidad muestra que el gigante americano sigue volcando su peso en Taiwán. Ello se  ha reflejado especialmente en los últimos años, con diversos gestos del ex-presidente Donald Trump.

Por ejemplo, en el acto del Taiwan Allies International Protection and Enhancement Initiative (TAIPEI) señaló que: «considera, en ciertos casos como sea apropiado, en concordancia con los intereses de política exterior de los Estados Unidos y en consulta con el Congreso, alterar su accionar en materia económica, diplomática y de seguridad, con aquellas naciones que tomen acciones serias o significativas con el fin de sabotear la seguridad o prosperidad de Taiwán«. 

La importancia de esta declaración radica en la voluntad de alterar y actuar en la política exterior hacia naciones que tomen acciones significativas para sabotear la seguridad o la prosperidad de Taiwán. En otras palabras, los Estados Unidos pretenderían garantizar la independencia de Taiwán. Esto no es nuevo. Basta con traer a colación el Taiwan Relations Act de 1979, el Asia Reassurance Initiative Act de 2018 y las declaraciones de 2001 de George Bush en las cuales proclamaba que haría “lo que fuera necesario” para defender la isla.

Es importante enmarcar el TAIPEI Act en su contexto. En la actualidad, la legitimidad del PCC está en cuestionamiento. Basándonos en los tres pilares weberianos que hacen a la legitimidad (carisma, legalidad y tradición), se entiende que sin el liderazgo carismático de Mao, la legalidad, entretejida con el desarrollismo, ha permitido mantener al PCC en el poder. 

Amén de ello, eventos como las protestas en Hong Kong demuestran una debilidad latente. Asimismo, en los últimos años ha habido una desaceleración en el crecimiento económico chino. Todo esto sugiere un desgaste tanto de la legalidad como del desarrollismo, manifiestas en una población que comienza a dudar del sistema de partido único y reclama alternativas.

Frente a este panorama, el PCC ha comenzado a buscar nuevas estrategias. Como se ha mencionado, Xi Jingping ha transformado su política interméstica en una herramienta legitimadora. Tanto la absorción de Hong Kong como las maniobras por parte de Beijing hacia Taipéi responden a una presión interna por conseguir resultados positivos frente al decreciente desarrollo económico.

Robert Paxton, politólogo e historiador especializado en el fascismo y su funcionamiento, hablaba del uso de las pasiones como eje central del nacionalsocialismo. Irracionales y altamente movilizadoras, las pasiones aglutinaron a poblaciones golpeadas fuertemente por la Primera Guerra Mundial y la crisis del 29’, poniendo a todos bajo un mismo estandarte y deshaciéndose de los disidentes. 

No resulta nada difícil trazar un paralelismo entre ello y algunas de las políticas que el PCC lleva a cabo últimamente. Sobredimensionando a enemigos externos y azuzando un fervor nacionalista, canalizado a través de reivindicaciones territoriales como la de Taiwán, parecería posible frenar el sangrado de legitimidad, incluso aunque tan solo sea temporalmente.

En otro orden de cosas, algunos eventos internacionales respecto a la relación RPC-Taiwán llaman particularmente la atención. Por un lado, desde 2015 Taiwán ha perdido 7 aliados y son sólo 15 Estados los que lo reconocen como un igual. La mayoría de los países que han roto sus lazos son de la región de Asia Pacífico, lo que sugiere que la creciente proyección de poderío bélico en sus aguas circundantes, sumado al proyecto económico-comercial de Belt and Road, está surtiendo sus efectos. 

El último de estos países en cortar relaciones con la isla de Taiwán ha sido Kiribati. De acuerdo al ministro de relaciones exteriores taiwanés, la República Popular de China se estaría sirviendo de la diplomacia del dólar. Este término refiere a la política estadounidense de principios del siglo XX, mediante la cual el gigante americano extendió un imperio informal a lo largo del Caribe apropiándose de la estructura económica de diversos países (comprando toda su deuda externa, interviniendo las finanzas de los mismos y forzándolos a ciertos cursos de acción gracias al control que poseía sobre su economía).

Volviendo a la política interna de la isla, no es casualidad que a partir de 2015 la presión china se incrementara, aprovechando la pérdida de apoyo internacional y aliados de Taiwán. La actual presidenta taiwanesa, Tsai Ing Wen, forma parte del Partido Democrático Progresivo y adhiere a la idea de un Taiwán independiente; idea que resulta peligrosa para Beijing en tanto acabaría con la bilateralidad del principio de Una Sola China.

Mirando hacia el horizonte

Pese a que existen quienes alegan por una hipótesis de conflicto inminente, las dinámicas internacionales parecen demostrar lo contrario. Pese a que Taiwán no posee capacidades bélicas similares a las de la RPC, sus defensas serían más que capaces de percibir una invasión como extremadamente costosa. A ello hay que sumarle que las probabilidades de una intervención estadounidense serían relativamente altas. Como se mencionó anteriormente, Estados Unidos ha dado sobradas muestras de sus intenciones de proteger a Taiwan. 

Aunque es cierto que el poderío chino ha crecido de forma importante en todas las áreas, la realidad es que Estados Unidos permanece como el líder en materia militar. Además, es posible que sus aliados se sumen a la contienda de una manera u otra. Así, el escenario de invasión resulta poco atractivo en tanto la posibilidad de involucramiento estadounidense permanezca alta.

Todo esto se marida con el discurso de 2015 de Tsai Ing Wen, en el cual remarcaba la necesidad de continuar desarrollando capacidades asimétricas de defensa, así como de “disuasión creíble”. Taipéi no cree poder ganar una guerra abierta contra la República Popular China, pero sí hacerla lo suficientemente costosa como para desarticular los prospectos de invasión. Internamente, aunque la presidenta adhiere a los valores de su partido, menciona la emergencia de mantener el status quo político internacional de la isla. Bajo la presión actual, resulta escasamente probable que dicha postura sea alterada.

Por ende, es posible que sigamos observando incidentes diplomáticos y la continuación de la política de militarización que llevan ambos países. Aunque la toma de Taiwán sigue siendo un objetivo primordial para Beijing, parecería que el mismo no es realizable en el corto plazo. No por medios militares tradicionales, al menos. No obstante, en un mundo de fake news, hiperconexión y política por Twitter, no resulta exagerado sugerir que Beijing podría llegar a implementar medios alternativos por los cuales desestabilizar completamente la estructura política de la isla. Ciertamente, el PCC no es ajeno al uso de la digitalización para el control.

Portada: Foreign Affairs

Mateo Bianchi

Mateo Bianchi tiene 19 años, es estudiante de la Lic. en Relaciones Internacionales y de la Lic. en Ciencias Políticas, ambas carreras de la Universidad de la República. (UDELAR, Montevideo, Uruguay). Durante el 2019 tuvo la oportunidad de presentar su primera ponencia en un congreso internacional.

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