Trabajo en casa: ¿ha cambiado la pandemia el trabajo doméstico hacia una mayor igualdad de género?

Tiempo de lectura:8 minutos

Los años 2020-2021 serán recordados no sólo por la crisis sanitaria que se ha vivido alrededor del mundo, sino también por las consecuencias que ha traído. El confinamiento ha generado la adaptación de sectores estatales y privados en distintos ámbitos como las clases virtuales, el home office, el incremento del uso de la telemedicina, hasta acelerar el uso de las aplicaciones de comida rápida, supermercados y compras online. Es así que la crisis del COVID-19 ha provocado cambios drásticos en la vida laboral y doméstica de muchas familias en todo el mundo. 

En este sentido, dicha crisis se ha distinguido por la repentina y casi total pérdida de acceso a las escuelas y al cuidado de los niños, dejando a los padres con enormes responsabilidades adicionales. Además, el cuidado no remunerado y las responsabilidades del trabajo doméstico se cruzan con las desigualdades en el empleo. La desigualdad de género en el empleo y los ingresos ha aumentado como resultado del brote de coronavirus. Los estudios sobre el impacto de la pandemia en el mercado laboral muestran que las mujeres se han visto más afectadas que los hombres. 

Este artículo pretende comprender la relación entre género y trabajo doméstico. En primer lugar, se explicará qué es el género y cuál es su lógica de funcionamiento en la vida cotidiana. En segundo lugar, se abordará la división sexual del trabajo, las esferas de acción pública y privada en relación al trabajo. Luego, se tratará la especialización del trabajo doméstico. Finalmente, se describirá la situación de las  mujeres desde la pandemia y se brindaran las dificultades y consideraciones del tema.

Lógica de género

Para entender la relación entre género y trabajo doméstico debemos empezar definiendo qué es el género. El género es el producto de cierto tipo de prácticas sociales; es la creación continua del significado a través de las acciones humanas. No obstante, West y Zimmerman, en su trabajo Doing Gender, vierten una crítica importante al tratar el género como rol, ya que este último oscurece el trabajo en la producción de género diario, reduciéndolo así a un conjunto permanente de características. Por lo tanto, hacer género no solo comprende asumir y desechar identidades en ciertas situaciones. 

Barrie Thorne señala que muchos roles ya tienen marcado el género, además de que resulta dificultosa la evaluación de la influencia de unos roles sobre otros, y de reducir su utilidad explicativa en discusiones sobre el poder y la desigualdad. En definitiva, el género es un poderoso recurso ideológico que produce, reproduce y legitima las elecciones y los límites que se afirman en la categoría sexual. El género nos va moldeando hacia la realidad social, y son los cuerpos afectados por las redes de significación los que deben seguir la norma o ser rechazados por la sociedad.  

En resumen, el género no es ni un conjunto de características ni una variable ni un rol, sino el producto de cierto tipo de prácticas sociales. Por lo tanto, su significado se crea  continuamente a través de las acciones humanas, estableciéndose mediante las interacciones.  

Subjetivación de la vida diaria

La asignación del trabajo se determina en función de lo femenino y masculino, lo que conlleva a la resolución, dramatización, celebración y demostración de nuestra naturaleza esencial de mujer o de hombre. En conjunto, esta marcada diferenciación se acepta como categorías naturales con determinadas predisposiciones psicológicas y de comportamiento a partir de sus funciones reproductivas. Cabe destacar que el género es la actividad de administrar la conducta situada a la luz de concepciones normativas de actitudes y actividades apropiadas para la categoría de sexo de cada quien. Así pues, se concibe el paso del terreno interno al individual, en él nos relacionamos y somos parte de una sociedad.

El género es lo que una persona recrea diariamente en el hacer de la cotidianidad. Para Erving Goffman, estas demostraciones son comportamientos convencionalizados estructurados como intercambios bilaterales del tipo declaración-respuesta, es decir, se manifiesta a través de comentarios, actitudes de rechazo o aceptación hacia el género que una persona expresa, o bien mediante de las actividades que desempeña, en el que la presencia o la ausencia de simetría respecto al sistema puede establecer dominación. En efecto, el accountability social permite que los miembros de la sociedad interactúen dándose informes descriptivos unos a otros del estado de las cosas. Vale la pena decir que el género reclama su mandato a una categoría sexual y puede ser utilizado para acreditar o desacreditar actividades que no coincidan con el sexo (hembra-macho). 

Lo más importante es que hacer género es crear diferencias que no son naturales, esenciales o lógicas. Una vez construidas se utilizan para reforzar la esencialidad de género. 

Género y trabajo doméstico 

División sexual de trabajo 

Katrine Marçal, en su libro “¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?”, explica la teoría de Gary Becker sobre las labores domésticas: ¿qué hace una mujer casada cuando llega a casa después del trabajo? Limpia la cocina, plancha la ropa y ayuda a los niños con los deberes. ¿Qué hace un hombre casado cuando llega a casa? Lee el periódico, ve la televisión y, tal vez, juega con los niños. Es decir, deducía Becker, las mujeres profesionales dedican una buena parte de su tiempo libre a las tareas domésticas, y eso, lógicamente, es mucho más agotador que descansar.

El trabajo productivo fuera de la casa, por un lado, y la reproducción y el consumo dentro de la casa, por otro, se les asignaba a los hombres y mujeres respectivamente, dando origen a las esferas públicas y privadas del trabajo. Se consideraba que la naturaleza abnegada de la mujer la relegaba a la esfera privada, y, por lo tanto, no era económicamente relevante. Actividades tales como criar a los niños, limpiar la casa o lavar y planchar la ropa de la familia no crean bienes tangibles que se puedan comprar, intercambiar o vender, además de que, según los economistas del siglo XIX, tampoco contribuyen a la prosperidad social.  

Las tareas del hogar son de naturaleza cíclica. Por ende, el trabajo de la mujer no era una “actividad económica”, sino, pura y simplemente, una extensión lógica de su naturaleza bondadosa y amorosa. En consecuencia, siempre iba a continuar realizando ese trabajo, y por ello no necesitaba cuantificación. 

Ahora se reconoce que aquellas primeras suposiciones ideológicas modernas acerca de una estricta división del trabajo en el espacio tenían poca relación con la realidad. Sin embargo, lo que esta complejidad espacial significaba en el día a día 一en particular en la dinámica de los hogares一 y sus consecuencias para las relaciones de género es menos clara y ha recibido relativamente poca atención histórica. 

Si bien las mujeres eran empleadas en una amplia gama de ocupaciones productivas, este era en un grado más limitado, ya sea dentro y fuera del hogar. La mayoría de los hombres trabajaban en, cerca o desde la casa, ya que la gente rara vez tenía un lugar de trabajo separado lejos de casa. 

Especialización del trabajo doméstico  

La especialización del trabajo conlleva dedicación a la producción de un bien o una actividad. Hacer el trabajo repetidas veces implica que las personas se conviertan en expertos y especialistas de aquello que desempeñan. No obstante, no hay nada en la biología de una mujer que la haga más adecuada para el trabajo doméstico no remunerado. Este se le fue asignado a través del género, originando el mito de que las mujeres son mejores en el trabajo doméstico.  

De hecho, el COVID-19 ha cambiado las experiencias de las parejas con el empleo fuera del hogar y la división del trabajo en el hogar. Es así que una pregunta que los eruditos en diversas partes del mundo están haciendo en el contexto de este choque exógeno masivo en forma de pandemia es la siguiente: ¿el encierro, que obligó a todos a quedarse en casa, y la necesidad de distanciamiento social, que ha dado lugar a la adopción generalizada de «Trabajo desde el hogar» (WFH), cambió el intercambio del trabajo interno hacia una mayor igualdad de género

Mujeres en tiempos de pandemia

La crisis mundial de salud pública afectó a las familias trabajadoras de dos maneras profundas. Por un lado, las sanciones y restricciones gubernamentales impuestas a la movilidad por motivos de salud y seguridad obligaron a millones de trabajadores a trabajar desde casa. Por el otro, la recesión económica llevó a las empresas a reducir su tamaño o las obligó a la quiebra, lo que para muchos empleados significó trabajar menos horas, por un pago parcial, o perder sus puestos de trabajo por completo. La evidencia emergente sugiere que las mujeres se han visto más afectadas por estos desarrollos.

En consecuencia, las mujeres han experimentado una mayor reducción de la jornada laboral que los hombres, pasando de un trabajo a tiempo completo a un trabajo a tiempo parcial, y tienen incluso más probabilidades de haber perdido su empleo. Sumado a ello, existe una alta prevalencia de mujeres en la economía informal, un sector que ha sido particularmente golpeado por la pandemia y cuyos trabajadores no han podido recibir el apoyo financiero del gobierno disponible para los trabajadores de la economía formal que han reducido sus horas de trabajo o perdieron sus empleos. En el Perú, según la OIT, la mayor informalidad se registró en mujeres, jóvenes (menores de 25 años de edad) y ocupados con baja calificación que laboraban en pequeñas unidades productivas. 

Asimismo, como refiere la CEPAL, a nivel de latinoamérica, a partir de la crisis sanitaria, las mujeres asumieron gran parte del trabajo adicional que surgió en los hogares, actividad que involucró el cuidado de niños que dejaron de ir a la escuela y de adultos mayores (por ser un grupo de alto riesgo). En particular, las madres solteras fueron quienes tuvieron menos probabilidades de tener acceso a otras fuentes de cuidado infantil debido a las medidas de aislamiento social, lo que reduce su capacidad para combinar el trabajo y el cuidado infantil en el hogar. Incluso entre las profesiones más privilegiadas, como la enseñanza y el mundo académico, es probable que las mujeres soporten una mayor carga de la pandemia gracias a sus mayores responsabilidades domésticas, lo que socava sus posibilidades de progresión profesional y potencial de ingresos futuros. 

Las regiones de Asia meridional (India y Pakistán en particular) y MENA (Oriente Medio y el Norte de África) se encuentran las normas de género más desiguales en términos de distribución de las tareas domésticas y del trabajo doméstico. Es aquí donde las mujeres pasan más tiempo haciendo las tareas del hogar en comparación con los hombres. 

Además, las mujeres tienen mayores dificultades para acceder a Internet y dispositivos electrónicos para el teletrabajo en hogares vulnerables con trabajos precarios o en la economía informal. A pesar de los avances en la tecnología digital en los últimos años, todavía existe una marcada y generalizada desigualdad de género en términos de acceso y propiedad de dispositivos digitales, fluidez digital y la capacidad de hacer un uso significativo de la tecnología.  

Dificultades y consideraciones 

Estos hallazgos ofrecen algunas indicaciones de que las desigualdades de género están dando forma al impacto de COVID en la productividad académica; sin embargo, aparte de las publicaciones dedicadas al COVID en sí, las presentaciones de revistas no son el mejor indicador de productividad durante la pandemia porque generalmente dependen de una gran cantidad de trabajo completado antes del golpe de la pandemia. Dado que la pandemia sigue en curso y se espera que los países entren y salgan de los encierros, no puede haber una respuesta definitiva hasta que salgamos de la pandemia de manera decisiva y tengamos datos que cubran todo el período. Pese a ello, un análisis de las primeras pruebas sobre esta cuestión es pertinente e interesante. A diferencia de las transiciones al desempleo o la reducción de la jornada laboral, trabajar desde casa no ofrece necesariamente la posibilidad de reorganizar la división de las tareas del hogar.

Portada: Anam Musta’ein / TODAY

Jhosselin Santillan

Jhosselin Paola Santillan tiene 21 años, es estudiante avanzada de Ciencia Política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú. Estudio un semestre en la Universidad Nacional Autónoma de México a través de Exchange Student, actualmente se encuentra realizando el mismo programa en la Universidad de Bologna, Italia. Ha sido ponente en diferentes congresos nacionales e internacionales (Macrocoloquio de Estudiantes de Ciencia Política, III Encuentro Internacional de Ciencia Política – Colombia, VI Congreso Nacional de Ciencia Política). Además, es Asistente de investigación en el Instituto de Estudios Políticos Andinos, y cuenta con diversas publicaciones.

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