Vacunas y América Latina: apuntes para repensar la situación regional

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Existe la posibilidad de que, así como Hobsbawm afirma que el siglo XX comenzó tardíamente con la Primera Guerra Mundial, los historiadores del futuro digan que el siglo XXI inició con la pandemia del COVID 19. Y es probable que, como analogía al capital que los diferentes países aportaron durante la Guerra Fría a sus caballitos de guerra, en este caso se hable de vacunas. Es decir, que la influencia geopolítica no pase ya —o al menos no solamente— por las inversiones extranjeras, sino también por las vacunas.

En este marco, se brindarán algunos apuntes para vislumbrar y analizar qué estrategias han ido adoptando los países productores de vacunas a la hora de repartirlas. Se podrá observar, en este primer approach, si la tendencia de los Estados Unidos sigue conforme a cuidar su patio trasero, o si se le han colado las demás potencias, y qué motivos han llevado a esta situación, cómo la pandemia puso en tensión el equilibrio existente, a la vez de las posibilidades latinoamericanas de lidiar con toda esta situación.

Las vacunas pueden dividirse, según su origen, en tres grupos:

  1. Las vacunas occidentales —tanto europeas como norteamericanas—, que engloban a Pfizer, Moderna, Johnson y Johnson (JyJ), y Astrazeneca;
  2. Las vacunas chinas: Sinovac, Sinopharm; 
  3. La vacuna rusa Sputnik.

El objetivo no es reflexionar sobre la fortaleza médica de cada líquido inmunizante, sino ver en un principio cómo han sido distribuidas por las potencias acorde a sus intereses. A continuación, un cuadro de los países latinoamericanos y cuáles vacunas han recibido:

Fuente: elaboración propia en base a New York Times 

Lo primero que observamos es que en la región se encuentran presentes vacunas de los tres grupos, tanto rusas, como chinas y occidentales. Puede verse que Rusia las ha repartido a sus aliados más cercanos, países principalmente gobernados por miembros del Grupo de Puebla: Argentina, Bolivia, Venezuela y México.

Con las vacunas occidentales sucede algo similar, pero con ciertas disparidades. Primero, algunas han sido reservadas para los países centrales: tanto la desarrollada por Moderna como la de JyJ no han llegado a ningún país sudamericano, sino que solamente han sido utilizadas en los países más desarrollados del hemisferio norte. Luego, la vacuna Pfizer no tiene acuerdos de compra con 3 países latinoamericanos: Argentina, Bolivia y Venezuela. Sin embargo, sí se encuentra presente en aquellos países más cercanos al Grupo de Lima, con la gran particularidad de que sus suministros son tardíos y/o mínimos. Y en tercer lugar, vemos las vacunas hechas por Astrazeneca en sus variantes, las cuales se encuentran en todos los países regionales con la excepción de Venezuela.

Así, parece que en el diagrama de los países centrales de Occidente se ha diferido tanto en la producción como en la distribución de las vacunas según la región, reservando a Moderna y JyJ a los países centrales, a Pfizer dependiendo de la negociación, y a Astrazeneca para toda Latinoamérica. Más aún, la producción de Astrazeneca también se lleva a cabo en la misma, con el componente primario en la Argentina y luego en México, y, al ser una de las más económicas, es la más apta para países con problemas financieros. Incluso podemos recordar los comentarios de Alberto Fernandez, presidente de Argentina, en agosto del año pasado, señalando que la finalidad de la producción nacional de la vacuna de Astrazeneca-Oxford era su distribución en toda Latinoamérica. En contraste con la vacuna de, por ejemplo, Moderna —que sale alrededor de USS 25 por unidad—, la vacuna Astrazeneca cuesta solo entre 2 y 4 dólares.

Fuente: DW 

Por último, las vacunas chinas ya han aterrizado en absolutamente todos los países de la región. Y no sólo esto, sino que son aquellas que llegaron con más anticipación y en mayor cantidad. Por ejemplo, en el caso de Chile, el 90,1% de la población ha sido inoculada con Corona Vac y el 9,9% con Pfizer-BioNTech. En Perú, la situación fue similar: el primer millón de vacunas que llegó al país incaico fueron Sinopharm, mientras que de a poco continúan llegando las vacunas Pfizer que se habían acordado. El 85% de la vacunación en Uruguay proviene de Sinovac, al igual que el 58% del Brasil.

De este modo, China ha sido muy eficaz con sus compromisos para los gobiernos latinoamericanos, sacándolos del apuro de la falta de vacunas. En un escenario donde los países centrales occidentales no pudieron ayudar de manera vigorosa a las problemáticas de nuestra región, el gigante asiatico no dudó en donarlas rápidamente, aliviando la mirada de la opinión pública local que veía en Miami e Israel vacunas por doquier.

Es probable que toda esta situación se explique también por las particularidades del manejo y el desarrollo de la pandemia que tuvo Occidente en comparación con China y el resto de Oriente. Mientras que en Occidente las políticas de confinamiento son contrarias a las tradiciones y culturas liberales, la tradición autocrática de China le permitió tener un control más efectivo de la circulación, medida primordial para enfrentar la pandemia. Se pueden recordar incluso videos que recorrieron las redes sociales de oficiales chinos sacando a diferentes personas de sus casas, de manera violenta para ser confinados o testeados. 

En Occidente, se visibilizan marchas alrededor del mundo que peden por el fin del confinamiento, desde Alemania, Argentina, España y tantos otros países. Las tradiciones liberales imposibilitan el control del virus con la misma firmeza que logró la República Popular de China, como afirma el filósofo Byung Chul Han. Según el autor, en los Estados asiáticos encontramos una mentalidad cultural que proviene del confucianismo. Los ciudadanos son más obedientes que en Europa y confían más en el Estado. Para enfrentarse al virus, los asiáticos apostaron fuertemente por la vigilancia digital y han encontrado en el big data un potencial para defenderse de la pandemia. Sin embargo, este confucianismo cultural ha aportado algo mucho más interesante a la hora de contener el virus: el carácter del civismo, que ha perdido fuerza en los países occidentales.

De esta manera, ha sido China quien pudo utilizar primero sus vacunas como parte de su diplomacia para los países latinoamericanos, mientras que las potencias occidentales se vieron forzadas a desarrollar antes que nada su estrategia de contención y vacunación hacia adentro. Habrá que ver si a partir de ahora, con el proceso de vacunación avanzado en Estados Unidos y demás países centrales occidentales, empiezan a surgir las tan ansiadas donaciones de vacunas. Al menos, eso desean las elites latinoamericanas. 

Por ahora, China avanza sobre el patio trasero de los Estados Unidos. Primero, en el marco de economías complementarias y como demandante de materias primas, logró paulatinamente convertirse en principal socio comercial de la región —en contraste con EE.UU., que compite con América Latnia en cuanto a su exportación de materias primas—. Actualmente, gracias a las vacunas que proveyó, se acercó a los gobiernos más de derecha, como Brasil, Ecuador, Uruguay, Colombia, entre otros. Si cuando se habla del soft power chino se piensa en comercio exterior, cooperación, e inversiones, se le debe agregar ahora una nueva variables: las vacunas.

Parecería haber ciertos intentos por parte de Biden de reclamar su patio trasero, con la donación de 6 millones de vacunas para el fondo COVAX específicamente para Latinoamérica. Existe, entonces, la posibilidad de que estemos siendo testigos de una reconfiguración cada vez más fuerte de las relaciones internacionales.

En lo que respecta a Latinoamérica, el panorama es ambivalente. Con la llegada del invierno y un aumento brusco de casos, es la región más afectada actualmente por la pandemia en varios indicadores. Con lo cual, en el corto plazo, el Coronavirus va a seguir imponiendo desafíos y tensiones, que incluso ponen en jaque a los gobiernos de turno. No obstante, a nivel táctico, hay varias estrategias que han llevado adelante los Estados latinoamericanos. La primera es la compra de vacunas, que depende del cumplimiento de los compromisos adquiridos por las diferentes empresas —como ya explicamos, China ganó ventaja, a través de la diplomacia de vacunas. La  segunda es la producción de vacunas locales: de la vacuna Astrazeneca en Argentina y México; de la Sputnik en Argentina; y las Astrazeneca, Sputnik y Sinovac en el Brasil. Esta estrategia implica una oportunidad para la región en la lucha contra el virus en tanto plantas que suministran anualmente a toda Latinoamérica.

En el gráfico ulterior, se observa el posicionamiento de Argentina, Brasil y Cuba respecto a la producción de vacunas, según The Telegraph:

Fuente: The Telegraph 

Aunque el panorama es claro, hasta ahora la producción ha estado concentrada en los países desarrollados: China, EE.UU., diferentes países europeos, e, inclusive, India. De este modo, se profundiza la dependencia de acuerdos comerciales y a la realidad epidemiológica de estos países centrales. Y, aunque es cierto que se están desarrollando vacunas locales, también es verdad que aún parecen estar muy lejos los proyectos para el desarrollo de un inmunizante 100% latinoamericano.

Se pretende destacar la oportunidad perdida, ya que no hubo intento de coordinar regionalmente una propuesta para el desarrollo de una vacuna local ni el acceso a nivel regional a la producción de inmunizantes, salvo el fallido intento de Astrazeneca. Los países latinoamericanos se insertaron en la competencia por las vacunas desde una optica individual y nacionalista, en lugar de apostar por una respuesta conjunto al pedido de vacunas y una produccion local soberana.

Si queremos cuidar el bienestar de nuestra población, en una época donde es probable que la problemática central sean futuras pandemias, es necesario apostar por el desarrollo de políticas de inversión e investigación científicas y tecnológicas, de manera regional y articulada.

Hacerlo significa no sólo la posibilidad de no depender de la diplomacia de vacunasnunca exenta de intenciones políticas— de los países centrales, sino también permitiría el desarrollo económico de nuestras naciones, evitando lo más posible los daños económicos, políticos y sociales de futuras pandemias. Una acción colectiva latinoamericana podría aportar significativamente al desarrollo de nuestra región frente a los grandes desafíos que plantea el siglo XXI.

Portada: The Wall Street Journal

Lucas Caraffa

Lucas Caraffa Taboada tiene 22 años, es estudiante avanzado de la Licenciatura de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Actualmente se especializa en la rama de administración y políticas públicas.

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