Xinjiang: Uigures, derechos humanos y el interés chino

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Aproximación a Xinjiang

Xinjiang es una región autónoma al noroeste de China que representa la sexta parte del territorio chino y tiene frontera con varios países como Pakistán, Rusia, Afganistán, India, Kazajstán, Kirguistán, Mongolia, y Tayikistán. Cuenta con una geografía diversa, teniendo cordilleras y desiertos, y se encuentra dividida en tres subregiones: Zungaria, Taklamakán y Kashgaria.

La capital de esta provincia china es Urumqi, que reviste vital importancia para el Partido Comunista Chino por motivos que se irán detallando a lo largo del artículo. Además, es una provincia que en los últimos meses ha estado muy presente en los medios de comunicación, debido a violaciones a los derechos humanos de los Uigures, etnia musulmana que habita la zona.

Más allá de ser una zona estratégica para las grandes ambiciones de Beijing, también concentra el 20% de la oferta mundial de algodón y una economía basada en la agricultura. Es una tierra abundante en minerales como carbón, cromo, zinc, hierro, así como también petróleo y gas.

Es importante señalar que, en primera instancia, el conflicto chino por Xinjiang no es un asunto nuevo. El mismo se remonta a fines del siglo XVII, momento en el cual el ejército del imperio chino tomó posesión de la región. Esto derivó en resistencias por parte de las etnias que habitaban dicha región.

Los Uigures lograron su independencia durante dos períodos: desde 1933 a 1934, y de 1944 a 1949, bajo el nombre de la República de Turquestán Oriental. Sin embargo, en ambas ocasiones, el área fue reabsorbida por China y, finalmente en 1955, con el triunfo del Partido Comunista Chino en la guerra civil china, Xinjiang pasó a ser una región autónoma bajo el dominio de Beijing.

Importancia de Xinjiang para China y su proyección futura

La Región Autónoma posee una gran importancia estratégica para China en lo relativo a la Belt and Road Initiative (BRI), ya que permite la conexión con Asia Central. Dentro de las rutas terrestres, hay tres diferentes caminos que llevan a Europa, hacia Oriente y el último hacia Pakistán. Además de estas vías por tierra, China también desarrolló una ruta de la seda polar que llega a Europa a través del Ártico, y una ruta de la seda marítima que pasa por el mar del sur de China y va hacia Europa por el estrecho de Bab El Mandeb.

Fuente: Belt and Road Initiative

En el mapa se pueden visualizar los tres caminos rosados que comienzan desde distintos puntos de Xinjiang hacia diferentes zonas estratégicas. Por ejemplo, desde Kashgar, ciudad de la región autónoma Uigur, se conecta con el puerto de Gwadar, Pakistán, a partir del China-Pakistan Economic Corridor. Otro corredor económico es el New Eurasian Land Bridge Economic Corridor, que se basa en una serie de corredores ferroviarios de unos 12 mil kilómetros hasta llegar a Duisburgo, Alemania. El último corredor económico que sale de la región de Xinjiang es el China-Central Asia-West Asia Economic Corridor, que se deriva de la ruta anterior, pasa por medio oriente, y termina en el Puerto de El Pireo en Grecia.

Teniendo en cuenta la relevancia estratégica de Xinjiang para los proyectos presentes y futuros de China, resulta vital para Beijing mantener la región calma, evitando cualquier tipo de intento independentista por parte de los Uigures. Ello permite comprender los motivos por el cual Xi Jinping le asigna tanta importancia a la región.

Uigures en Xinjiang

La región cuenta con una población mayoritariamente Uigur, etnia musulmana que representa el 45% de las personas en dicho territorio. Esta característica hace a Xinjiang más cercana en términos culturales y religiosos a los países de Asia Central que a China. Dicha situación se constituye como un obstáculo para el mantenimiento de la unidad nacional que se promueve desde Beijing. La etnia que les sigue en términos de cantidad son los chinos han, que constituyen el 40% de la población de Xinjiang. En el territorio, además, conviven otros 11 grupos étnicos minoritarios.

Xinjiang es una de las provincias que históricamente han buscado la independencia respecto de China, junto con Hong Kong, el Tíbet, Macao, y Taiwán. Algunos de ellos han declarado antiguamente su independencia, como Xinjiang en 1931 y 1944 o el Tíbet en 1913, pero luego fueron reabsorbidos por China. Una eventual separación de alguno de estos territorios sería un gran dolor de cabeza para el Partido Comunista Chino, dado que inspiraría a las demás áreas que anhelan lo mismo y pondría en tela de juicio su capacidad de mantener la unidad nacional y erosionando su legitimidad.

El gobierno de Beijing, junto con otros Estados, ha firmado la Convención de Shanghái para combatir el Terrorismo, el Separatismo y el Extremismo. En este documento, se define al separatismo como “cualquier acto destinado a violar la integridad territorial de un Estado, incluida la anexión de cualquier parte de su territorio o para desintegrar un Estado, cometido de manera violenta, así como planificar, preparar e incitar tal acto, y sujeto a enjuiciamiento penal de conformidad con las leyes nacionales de las Partes”.

Cabe señalar que, en 2009 los Uigures llevaron adelante una protesta masiva en la capital de la región contra las políticas de Beijing para incentivar la inmigración de chinos de etnia han al área, así como para manifestar su desacuerdo con la discriminación cultural y económica que sufrían. China identifica a los Uigures como una amenaza separatista que daña la integridad territorial del país. En este sentido, asocia a los grupos étnicos musulmanes como principales promotores de tendencias separatistas. Así, en las manifestaciones de 2009, que comenzaron siendo pacíficas y luego se tornaron violentas, el Partido Comunista Chino llevó a cabo una gran cantidad de detenciones de Uigures.

China considera, específicamente, al Movimiento Islámico del Turquestán Oriental como un grupo de tendencias independentistas que efectúa atentados terroristas. Es importante mencionar que las acusaciones de Beijing sobre estos actos violentos por parte de este movimiento, bajo el liderazgo de Abdul Haq, cuentan con el respaldo de la ONU.

Además, el gobierno de Beijing describe a las etnias musulmanas y al Movimiento Islámico del Turquestán Oriental como una expresión de extremismo, definido en el documento de Shanghái como “un acto destinado a tomar o mantener el poder mediante el uso de la violencia o cambiar violentamente el régimen constitucional de un Estado, así como una usurpación violenta de la seguridad pública, incluida la organización, para los fines anteriores, de formaciones armadas ilegales y participación en ellas, perseguido penalmente de conformidad con las leyes nacionales de las Partes”.

El Partido Comunista Chino cataloga a los Uigures como separatistas, extremistas y parte de la guerra global contra el terrorismo que comenzó Estados Unidos luego del 11-S. Por consiguiente, China se deja ver como un actor que lucha contra este conflicto internacional en su país. Al reconocer a esta etnia musulmana como amenaza, consecuentemente y en función de lo establecido en el artículo anterior, puede adoptar sanciones o acciones para contenerlos. Así, el Partido Comunista Chino ha encontrado una forma que les resulta conveniente para hacer frente a esta amenaza: campos de reeducación.

Es menester mencionar que el gobierno comunista refiere a estos campos como lugares en los cuales los Uigures pueden adquirir una formación profesional o un oficio, y, de este modo, no caer en el terrorismo o extremismo religioso. Se puede observar, entonces, cómo Beijing relaciona directamente a los musulmanes con la posibilidad de que sean terroristas, por el simple hecho de profesar dicho credo.

Se trata, por un lado, de la percepción de amenaza que identifica China en la posible independencia de los Uigures y las implicancias que ello tendría para el Estado Nación. Por el otro, Beijing se aprovecha de lo sucedido en los Estados Unidos en septiembre de 2001 para sumarse a la lucha contra el terrorismo y así poder adoptar “legítimamente” medidas más extremas contra la población uigur por ser de etnia musulmana.

Campos chinos de reeducación

A partir de 1990, desde Beijing, se han establecido tres ejes de implementación de políticas hacia los Uigures: la represión de actividades que se den por fuera de lo establecido por del Estado; lograr una conversión de los uigures hacia la sinología; y lograr el desarrollo socioeconómico a partir de diferentes proyectos.

Dentro de estos proyectos se encuentra el Tarim Desert Highway, una ruta a través del desierto que fue inaugurada en 1995. Este camino cuenta con unos 522 km y permite transitar la zona desértica de norte a sur. Este plan, junto a otros más, tienen como objetivo mejorar la situación económica de Xinjiang.

La implementación de campos de reeducación en la provincia de Xinjiang comenzaron en el año 2014 —un año después de la llegada de Xi Jinping al poder— con el lanzamiento de la “campaña de ataques duros contra el terrorismo violento”, y se expandieron en 2017. Mayormente, las personas que se encuentran encerradas en estos lugares son musulmanes que fueron detenidos por el mero hecho de predicar esta religión, o por haber viajado a alguno de los países que China cataloga como “sensibles”. Es importante aclarar que 22 de estos 26 países son de mayoría musulmana.

Desde Human Rights Watch se cree que en estos campos de reeducación las personas deben aprender el chino mandarín y también venerar a su presidente, Xi Jinping. Dicha organización ha denunciado al gobierno de Beijing por violar los derechos humanos de los Uigures y someterlos a castigos físicos, psicológicos y malas condiciones de vida que han llevado incluso a la muerte de varias personas en estos campos.

Fuente: Council on Foreign Relations

En el presente mapa se pueden visualizar, marcados por puntos rojos, los campos de reeducación que existen en Xinjiang, que, se estima, rondan los 1200. Una gran cantidad de las personas que son detenidas en estos lugares carecen de protecciones legales, como el debido proceso, y son sometidas a torturas y abusos policiales.

El Partido Comunista Chino, además, lleva adelante una serie de restricciones en Xinjiang con la finalidad de evitar lo más posible que los ciudadanos profesen y expandan la religión musulmana. Por ejemplo, han prohibido el uso de nombres con connotaciones religiosas como Medina, ciudad santa para el islam que se encuentra en Arabia Saudita y que reviste de vital importancia, dado que allí se encuentra enterrado el profeta Mahoma. Este tipo de nominaciones son consideradas como un “excesivo fervor religioso” por parte de Beijing.

A su vez, en el año 2017 China sancionó una ley “anti-extremismo” que prohíbe el uso de vestimenta típica y alusiva a credos religiosos, como el velo o las barbas largas en los hombres; y tampoco está permitida la diseminación de documentos religiosos y la enseñanza de estos. Otra medida ha sido separar a los niños uigures de sus familiares, que son detenidos y enviados a los campos de reeducación. Los menores de edad, por su parte, son llevados a instituciones estatales en nombre del bienestar material de los mismos. Las autoridades de Xinjiang cuentan con la autorización de enviar a orfanatos a aquellos chicos que consideren huérfanos.

Si bien estos campos de educación se establecieron en 2014, el Estado chino se dedicó a negar su existencia hasta que finalmente, en 2018, reconocieron la presencia de “programas de educación y formación profesional”; y en 2019 pasaron a ser llamados oficialmente como “centros de formación profesional”. Por fuera de los campos de reeducación, el gobierno chino cuenta con un sistema de monitoreo que se encarga de recolectar los datos biométricos de los ciudadanos de Xinjiang. Los mismos se almacenan posteriormente en bases de datos masivas que, de la mano de mecanismos de inteligencia artificial, crean una lista de “posibles” sospechosos.

Opinión internacional

A nivel internacional, Estados Unidos es uno de los principales Estados denunciantes de los abusos a los Uigures en Xinjiang. Joe Biden ha denunciado a China ante la ONU, alegando que el gobierno de Beijing está cometiendo un genocidio contra la etnia musulmana. Desde Washington se ha establecido que en la Región Autónoma de Xinjiang se tortura a las personas y se ha recurrido a métodos como esterilización forzada a mujeres.

Cabe señalar que, el artículo 2 de la Resolución 260 A de 1948 define al genocidio como “cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: Matanza de miembros del grupo; Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

A juzgar por la existencia de los campos de reeducación y las acusaciones contra el gobierno chino por negar algunas cuestiones relativas al culto musulmán, efectivamente algunos de estos puntos corresponderían a la situación en Xinjiang.  El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Jean Yves Le Drian, también ha denunciado a China ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, señalando que cuentan con testimonios y documentos que corroborarían la represión en la región. La embajada china ha contestado a la acusación francesa negando los hechos.

Incluso se han sumado a la oposición a la situación en Xinjiang un grupo interregional compuesto por 39 Estados miembros de Naciones Unidas, encabezado por el diplomático alemán Christoph Heusgen, que aboga por el acceso de observadores independientes, así como también de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de “Statement by Ambassador Christoph Heusgen on behalf of 39 Countries in the Third Committee General Debate, October 6, 2020”

La ONU, por su parte, ha iniciado negociaciones con China con el objetivo de obtener el permiso para enviar representantes sin restricciones ni limitaciones a Xinjiang. Dicha misión tendría por objetivo verificar la existencia de estos renombrados campos de reeducación y la violación a los derechos humanos que se efectúan en la región.

La Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas solicitó pleno acceso a Xinjiang para llevar adelante una apreciación completa de la situación en la región. La visita de Bachelet a China es apoyada por países y organizaciones con la finalidad de que se hagan visibles los crímenes en Xinjiang. El diplomático chino Jiakun Guo estableció que Estados Unidos utiliza a Xinjiang como una forma de enfrentarse a China y que su Estado no tiene nada que esconder.

La aspiración hegemónica

Mucho se habla actualmente de China como una potencia en ascenso, Estados Unidos como una potencia en descenso, y de un mundo postliberal en el cual el sistema internacional toma un rumbo más oriental. Si bien la percepción internacional tiende hacia allí, Ryan Hass argumenta que en realidad Estados Unidos debe ser capaz de distinguir entre la imagen que China presenta de sí misma a nivel internacional y la realidad que confronta.

En este sentido, Beijing enfrenta varios desafíos internos que deberá sortear antes de convertirse en el nuevo hegemón, como el envejecimiento poblacional, en parte consecuente de la política que marca un límite a la cantidad de hijos que los ciudadanos pueden tener, y la creciente concentración de poder en torno a la figura de Xi Jinping, lo cual siempre deja la duda sobre qué sucederá cuando Xi ya no esté. Dentro de la represión interna, el asunto de los Uigures es uno de los casos que no deja de ser un desafío para Beijing, ya que tanto la acción como su inacción del gobierno conllevan consecuencias internacionales e internas.

Como destaca el artículo de Hass, la geografía china se constituye como un reto dado que tiene frontera con catorce Estados, algunos con capacidades nucleares, y cinco con los cuales aún detenta disputas territoriales irresueltas. Como parte de las disputas territoriales se encuentran las  identidades nacionales que se resisten a la dominación china y, naturalmente, buscan la independencia o separación de la autoridad de Beijing.

De este modo, el futuro de los Uigures en China resulta incierto y los escenarios pueden ser varios. Una primera posibilidad es que la represión desde el Partido Comunista Chino continúe y los reclamos y pedidos internacionales persistan sin poder lograr algún cambio. Un segundo escenario sería un cese de la violencia y que el gobierno de Beijing permita el ingreso de observadores internacionales para dar cuenta de la situación en Xinjiang e intentar una mejora en las condiciones. Cualquiera de estos dos contextos, e incluso otros, van a estar moldeados tanto por elementos del sistema internacional, como el accionar futuro de la ONU y otros Estados y organizaciones internacionales y no gubernamentales, así como por factores internos; específicamente, los desafíos enunciados anteriormente que Xi Jinping debe enfrentar.

Portada: Foreign Policy

Zoë Lena

Zoë Lena Salame tiene 21 años, es estudiante avanzada de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa, Buenos Aires, Argentina. Durante el segundo semestre de 2019 se ha desempeñado como voluntaria en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y actualmente es pasante en el Instituto Ideas en el área de Desarrollo Sustentable.

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